Despertando en la mañana del 16 de julio, en anticipación a las nominaciones de la septuagésima primera entrega de los premios Emmy, una cosa era clara: seguimos viviendo en la llamada “Era Dorada de la Televisión” (estadounidense, principalmente). La calidad de los shows que luchan por nuestra atención, tanto cómicos como dramáticos, es innegable; la llegada del streaming ha aumentado no solo la competitividad entre canales, sino también la oferta disponible para la audiencia. Y aunque en un tiempo como este, en donde los estándares son cada vez más altos y los consumidores más exigentes, es fácil que las series no cumplan con nuestras altas expectativas, o disminuyan su calidad con cada nueva temporada, cada vez se estrenan más series nuevas, y muchas de ellas son suficientes para ocupar el lugar que otras hayan dejado.

Este año verá cambios significativos en los premios Emmy: el fenómeno televisivo que ha sido “Game of Thrones”, ha llegado a su final; en esta, su octava temporada, ha roto el récord de más nominaciones obtenidas en un solo año, consiguiendo 32, diez de ellas para los excelentes actores que siempre supieron exprimir hasta la última gota de jugo de sus ya legendarios roles. Otras series que han sido constantes en los Emmys, como “House of Cards” y “Veep” también concluyeron sus temporadas finales, por lo que el próximo año, las nominaciones bien pueden ser completamente distintas. Y este año también nos trajo varias sorpresas, desde las bienvenidas (“Fleabag” y “Schitt’s Creek”), hasta las no muy lógicas (¿el capítulo final de “Thrones” como Mejor Guión?). Abajo, mis observaciones:

Lo Bueno

  • Empezando por el gigante de la lista, las diez nominaciones que los actores de “Game of Thrones” son las más merecidas de la serie. El movimiento de Emilia Clarke y Kit Harington a la categoría de Actor y Actriz Principal funcionó, pues ambos consiguieron nominaciones, dejando espacio para que Gwendoline Christie se uniera a Lena Headey, Sophie Turner y Masie Williams en la categoría de Actriz de Reparto, y Alfie Allen a Nikolaj Coster-Waldau y Peter Dinklage como Actor de Reparto, mientras que la poca participación de Melissandre en la temporada final, hizo que Carice Van Houten encajara perfectamente en la categoría de Actriz Invitada.
  • “Schitt’s Creek”, una de las joyas más subestimadas de Netflix, por fin llegó a los Emmys con tres más que merecidas nominaciones: Actor Principal para Eugene Levy, Actriz Principal para la excelente Catherine O’Hara y Serie de Comedia.
  • La excelente segunda temporada de “Fleabag” sorprendió con once nominaciones, incluyendo Serie de Comedia.
  • Christina Applegate en la categoría de Actriz Principal en Comedia por su espectacular actuación en “Dead to Me”, de Netflix.
  • Ambas estrellas de “Killing Eve”, uno de los mejores shows en la televisión actual, entrando en la Categoría de Actriz Principal en Drama.
  • “When They See Us”, de Netflix, y sobre todo la nominación para el genial Asante Blackk.
  • La demasiado ignorada y muy poco reconocida Michelle Williams recibiendo una nominación como Mejor Actriz en una Mini Serie, por su excelente papel en “Fosse/Verdon”, de FX.

Lo Malo

  • La ausencia de Richard Madden en la categoría de Actor Principal en Drama, por su callada pero efectiva actuación en “Bodyguard”, de Netflix.
  • La favorita de la Academia, Connie Britton, ausente de Actriz Principal en una Miniserie, por su papel en la poco vista “Dirty John”, de Bravo.
  • La magnifica Alison Brie, ignorada (¡nuevemante!) en la categoría de Actriz Principal en Comedia, por su papel en la aclamada “GLOW”, de Netflix.
  • Otra favorita de la Academia, Christine Baranski, fuera de la contienda de Actriz Principal en Drama, por la no muy exitosa “The Good Fight”, de CBS All Access.
  • Kenan Thompson, que consiguiera una nominación como Actor de Reparto en Comedia el año pasado, después de 15 años como miembro del elenco de “Saturday Night Life”, fue ignorado este año.
  • ¿Nada de reconocimiento para la terrorífica “The Haunting of Hill House” de Netflix?
  • Nunca esperé que recibiera nominaciones, pero “Sex Education” en Mejor Serie de Comedia, y el roba escenas Ncuti Gatwa como Mejor Actor de Reparto en Comedia, hubieran sido sorpresas bien recibidas.

Lo Feo

  • ¿Benioff y Weiss nominados a Mejor Guión por ese desastroso capítulo final de “Game of Thrones”? No. Simplemente no.
  • Robin Wright una vez más como Mejor Actriz Principal por la desgraciada “House of Cards”, aún cuando la última temporada fue mediocre, en el mejor de los casos.
  • No nominar a “A Very English Scandal” como Mejor Mini Serie es un escándalo aún mayor.
  • “Ozark” de Netflix como Mejor Serie Drama. El constante reconocimiento para esta serie sigue siendo un misterio para mí.

La saga de Harry Potter es, indiscutiblemente, una de las más veneradas y queridas de los últimos años. Si bien las ocho películas originales que comprenden la historia del Niño que Vivió, aunque bien recibidas por la crítica, jamás alcanzaron el nivel de reconocimiento que se le otorgó, por ejemplo, a la trilogía de “El Señor de los Anillos”, sí consiguieron un éxito en taquilla sin igual; la historia de Harry Potter fue, discutiblemente, el gran suceso de la primera década del milenio y predecesora a los grandes eventos cinematográficos que vendrían en la segunda, de la mano de Marvel y Disney.

La historia de Harry Potter, no del personaje sino de la saga, es una de inspiración digna de un libro propio. Después de todo, J.K. Rowling, autora de la serie, ha declarado que, antes de la publicación de la primera novela, llevaba una vida de pobreza y carencia. Diagnosticada con depresión clínica, sin trabajo y con una hija pequeña que mantener, Rowling contempló el suicidio, antes de encontrar refugio en su escritura. Una vez que la primera novela fue publicada, todo cambió y el resto, como sabemos, es historia. Ahora, J.K. Rowling es la autora más vendida en la historia de Gran Bretaña y una de las mujeres más ricas del mundo. Su influencia es vasta y significativa en la cultura popular actual, con una legión de admiradores lo suficientemente grande como para fundar su propio Ejercito de Rowling.

En la actualidad, Harry Potter como marca está valorada en aproximadamente 15 mil millones de dólares; las ocho películas originales generaron 7.7 mil millones de dólares en la taquilla, haciendo de la saga la tercera más taquillera de la historia. Una vez que la última película, “Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, Parte 2” fue estrenada en 2011, trayendo consigo el fin de una era de magia y fantasía, era lógico que Warner Bros,, dueño de los derechos de la franquicia, buscaría expandir la presencia, y por ende las ganancias de su propiedad. Al ser dueños de los derechos de los personajes, Warner bien pudo haber hecho más secuelas protagonizadas por Harry, Ron y Hermione sin necesitar de Rowling. Sin embargo, esta opción los hubiera dejado mal parados con la autora y hubiera cerrado la puerta para futuras colaboraciones. La opción lógica, entonces, fue trabajar de la mano con ella y usar el extenso mundo que creó para hacer nuevas películas. Y efectivamente, en Septiembre del 2013 fue anunciado que Rowling escribiría el guión para una nueva película en el ahora llamado “Wizarding World”, esta vez enfocada en Newt Scamander, el autor de uno de los libros paralelos a la saga principal de HP, titulada “Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos”.

La idea parecía ser a prueba de balas: la devoción y confianza que el público le tenía a la marca de Harry Potter, aunado a la ausencia en las salas de cine de aquella magia que había hecho que millones de personas se enamoraran de la saga en primer lugar, parecía ser una receta para el éxito. Y, en primera instancia, su teoría resultó ser correcta: “Animales Fantásticos…”, estrenada en Noviembre de 2016, más de cinco años después de la última entrega de Harry y compañía, fue recibida positiva, si bien no entusiastamente por la crítica, y recaudó más de 800 millones de dólares en la taquilla mundial, haciéndola la octava película más taquillera del año. A primera vista, la historia parecía atractiva y fresca: no había ni un mago tenebroso a la vista, no había guerras de sangre que pelear. No, aquí solo se trataba de una maleta llena de criaturas fantásticas que eran soltadas en Nueva York, como un Jumanji en esteroides mágicos. Se trataba de una película que compensaría los bajos riesgos en su historia con un espectáculo visual sin igual, un desfile de criaturas que parecían ser sacadas de una mente en un viaje ácido.

Los espectadores, en cambio, nos llevamos un par de sorpresas al ver el resultado final. Si bien la trama básica era la que esperábamos, el twist al final fue más molesto que sorprendente: el que creíamos era el villano de la película, interpretado perfectamente por un renovado Colin Farrell, resultó ser otra persona completamente. Transformado por la poción Multijugos, el malvado Percival Graves se convirtió frente a nuestros ojos, revirtiéndose a su forma original y revelando a Gellert Grindelwald, un pequeño pero significativo personaje en la serie original que tuvo gran influencia en la juventud de Albus Dumbledore, y que ahora era encarnado por el eterno Capitán Jack Sparrow, el mismísimo Johnny Depp. Cualquier fan de la serie supo, entonces, a dónde nos dirigíamos. La introducción del segundo mago oscuro más peligroso de la historia, superado únicamente por el infame Lord Voldemort, podía significar solo una cosa: una nueva lucha en contra del mal, un nuevo mago tenebroso al cual vencer y una nueva guerra de sangre que pelear.

Poco tiempo después del estreno de “Animales…”, J.K Rowling anunció que se venían no dos o tres, sino CUATRO secuelas a la película, por lo que tendríamos magia para rato. ¿Pero era cierto este sentimiento? Lo cierto era que tendríamos cuatro películas más de Eddie Redmayne como el torpe pero adorable Newt Scamander pero, ¿tendrían la misma magia que la serie original, aquella que nos hizo desear, más que nada en este mundo, el montar una escoba voladora y gritar “Expelliarmus” a todo pulmón? La idea de otra saga de películas que se trataran de básicamente lo mismo que las anteriores, pero esta vez sucediendo en los años 20s, no parecía ser la más convincente de todas, pero nadie se atrevió a perder la fe. Después de todo, Rowling estaría a cargo de los guiones y el equipo detrás de Harry Potter jamás nos había decepcionado antes. Así que apartamos cualquier tipo de duda y escepticismo y confiamos en que la magia no nos abandonaría. En pocas palabras, nos hicimos a la idea de aventarnos otra serie de películas por el simple hecho de llevar el sello de garantía de HP.

Las cosas habrían de complicarse más de lo necesario, sin embargo: Johnny Depp fue acusado por su futura ex esposa, Amber Heard, de violencia física y verbal durante el matrimonio, provocando así una tormenta mediática que se vivió en los meses previos al estreno de “Animales..”, y que se extendería hasta mucho después de su presencia en cines. La inminente presencia de Depp en la secuela provocó críticas hacía el equipo, especialmente Rowling, acusándola de aceptar a un golpeador de mujeres en su película solo por tratarse de una gran estrella de Hollywood. Y aunque la contratación de Depp se dio antes del escándalo de su divorcio, la autora defendió al actor, declarando que el divorcio fue finalizado en un arreglo mutuo y que tanto Depp como Heard habían declarado, en un comunicado liberado después del fin del trámite, que con este arreglo esperaban poder dejar atrás la controversia provocada por las acusaciones.

Las declaraciones de Rowling, no solo acerca de Depp, sino acerca de sus propios personajes también habrían de atraer controversia. Y es que la autora parece estar dispuesta a revolver y confundir su propia mitología más allá de enriquecerla. Sus comentarios acerca de la sexualidad de Dumbledore y su relación romántica con Grindelwald, parecen ser más un deseo por hacer sus novelas más inclusivas, que un desarrollo planeado desde la creación del personaje. Y no es que haya algo malo con tener un personaje homosexual en la serie, al contrario. El saber que Albus Dumbledore, uno de los magos más poderosos de la historia, era homosexual hubiese significado mucho para miles de chicos y chicas lectores, incluyéndome. Sin embargo, habría que preguntarnos…¿por qué no incluirlo de entrada en la novela? La última parte de la saga, “Harry Potter y las Reliquias de la Muerte”, fue publicada en 2007, y aunque el clima político de hace doce años era, sin duda, uno de mayor limitación, Rowling pudo haber provocado una verdadera discusión de haber incluido este aspecto de manera prominente en la novela. La autora tuvo una segunda oportunidad de abordar el tema en la secuela de “Animales…”, titulada “Los Crímenes de Grindelwald”, y que contó con la presencia no solo de Depp como Grindelwald, sino también de Jude Law como un joven Dumbledore. Sin embargo, una vez más, se aludió al tema de manera absurdamente superficial, pero no se dijo nada en concreto. Tal vez por no querer alienar a las audiencias que no están preparadas para ver un romance homosexual en una película mainstream, o tal vez por temor a la crítica retrógrada que acusaría a la película de “promover” la homosexualidad al público infantil que todavía conforma gran parte de su audiencia, pero el punto es que Rowling parece estar feliz hablando del tema en entrevistas o en sus plataformas personales, pero no incluyéndolo de manera significativa en ninguno de los medios oficiales del Wizarding World.

“Los Crímenes de Grindelwald” se estrenó en 2018, casi dos años después de “Animales…”, y por primera vez en la existencia de Harry Potter, la recepción fue dura y crítica hacia el producto terminado. La película fue tachada de exagerada, innecesariamente rebuscada y complicada y, en algunos casos, simplemente aburrida. En mi caso, tengo que coincidir con estas críticas: “Los Crímenes…” me pareció lenta e inconsecuente, una serie de eventos que suceden por el simple hecho de que la trama lo dicta, y que, al menos ahora, parecen innecesarios. En pocas palabras, la película existe para que la siguiente también lo haga, sin justificar jamás su existencia más allá de ser la segunda parte de una historia de cinco. Las criaturas fantásticas que resultaron tan visualmente atractivas en la primera película son relegadas a unas cuantas escenas, descalificando por completo el “Animales Fantásticos” que antecede a “Los Crímenes de Grindelwald” en el título. La trama es la misma que ya hemos visto ad nauseam en el universo de Rowling: bien contra mal, magos contra muggles (o No-Mags en esta nueva saga), Chosen One contra Mago Tenebroso.

Esto podría no tener nada malo; después de todo, la idea del bien contra el mal y de un grupo de poder contra otro, son prácticamente de lo que muchas, o todas las novelas de fantasía tratan. Sin embargo, cuando se considera la extensa y meticulosa mitología que Rowling ha creado, no podemos evitar sentir decepción ante el camino safe y, debo decir, aburrido que se escogió para esta nueva serie. ¿Queremos ver más del mundo mágico de Harry Potter? Por supuesto que queremos. Pero la clave aquí es más, y más no significa más de lo mismo. Después de todo, los que ya hemos leído los libros y hemos visto las películas sabemos que Grindelwald es derrotado eventualmente y que muere a manos de Lord Voldemort, después de pasar años encerrado en una prisión mágica.

Aquí es cuando debemos hablar de tomar riesgos. ¿Por qué no haber dejado la aventura de Newt Scamander como una sola película? ¿Por qué no hacer una película acerca de un torneo de Quidditch, acompañada de efectos visuales deslumbrantes y de mucha acción sobre escobas voladoras? ¿Por qué no hacer una película acerca de los cuatro fundadores de Hogwarts, o tal vez una de los hermanos Peverell y su encuentro con las Reliquias de la Muerte? Si lo que deseaban era conservar la familiaridad de los personajes y no comenzar desde cero, ¿por qué no hacer una película de James, Sirius, Remus y Peter en sus años de escuela, incluyendo a Lily y a Snape? O mejor aún, ¿por qué no hacer una película de la oscura infancia de Dumbledore, incluyendo el traumático suceso con su hermana, Ariana, e incluso su relación amorosa con Grindelwald? Tantas son las opciones que se pudieron haber explorado, que hacen que la elección de enfocarse en otra guerra de magos sea no solo decepcionante, sino frustrante y confusa.

La tibia recepción a “Los Crímenes de Grindelwad” ha puesto una verdadera nube de duda en el cielo de esta nueva serie. La película recaudó tan solo 653 millones de dólares, y aunque el “tan solo” suene ridículo considerando el monto, si se considera también el presupuesto de 200 millones, y el hecho de que es, por mucho, la película que menos dinero ha recaudado en toda la saga del Wizarding World, podemos notar que ha habido un declive significativo en el interés hacia la marca, especialmente en Estados Unidos, que sigue siendo el principal mercado de cinéfilos a nivel mundial. No hay una razón única para explicar esto, y esto no significa que Harry Potter no siga siendo un fenómeno mundial, más bien es indicativo de que una película no será exitosa solo por ser adyacente a otra propiedad de mayor renombre. “Dark Phoenix” acaba de sufrir una humillante derrota en la taquilla, trayendo consigo el fin de una de las sagas de superhéroes más veneradas del cine; varias son las series que han sufrido la pérdida de interés de las audiencias con cada nueva entrega que se estrena, incluyendo la exitosa “Los Juegos del Hambre”, que sufrió las consecuencias de haber innecesariamente dividido su último libro en dos partes, solo para prolongar las ganancias.

Considerando todo esto, es posible concluir que, a menos que se trate de una película de verdadera calidad en cuanto a su historia y ejecución, la próxima tercera parte de “Animales Fantásticos…” está en camino para ser una decepción taquillera. Tal vez recaudará más de 500 millones, pero estamos hablando de películas que llevan precios de producción de más de 150 millones, más gastos de promoción. Con Disney más fuerte que nunca y comprando estudios a diestra y siniestra, Warner Bros. depende completamente del mundo de Harry Potter, y de un cada vez más errático Universo Cinematográfico de DC, con la creciente división de terror que empezó con “It”, y la esporádica película de Christopher Nolan proporcionando empujones extra, para seguir compitiendo por el preciado dinero de los cinéfilos. En pocas palabras, Warner Bros. no se puede dar el lujo de perder el interés de las audiencias que cada vez se hunden más en océanos de superhéroes y remakes de clásicos animados. ¿Podrá esta nueva entrega de “Animales Fantásticos” corregir los errores cometidos en “Los Crímenes de Grindelwald”? Podría hacerlo si ejerce completo control sobre las controversias de su escritora y sus estrellas principales, y si ofrece algo innovador que sume a la historia que ya todos conocemos. La magia está ahí, solo hay que trabajar en ella.

Crédito: CBR

La noticia fue anunciada un 04 de julio por los estudios Disney: Halle Bailey había sido escogida para interpretar a Ariel, la pelirroja sirena protagonista de la película animada de 1989, “La Sirenita”, en el live action remake que entrará en producción el próximo año, para un estreno tentativo en 2021. Menciono la fecha de en la que la noticia fue revelada porque es importante destacarla: el 04 de julio es feriado en E.U.A., y por lo tanto muchas de las principales publicaciones no hicieron una cobertura a fondo sino hasta el día siguiente. Sin embargo, gracias al poder de las redes sociales, Twitter explotó con la noticia. Y es que la elección de esta actriz despertó una ola de controversia, y no es porque Halle Bailey no sea actiz, o porque no sepa cantar. Halle Bailey es actriz y cantante. No, la controversia se debe a algo mucho más básico: Halle Bailey es afroamericana.

Antes que nada, debemos preguntarnos, ¿quién es Halle Bailey? Como ya he mencionado antes, Bailey es una actriz que actualmente participa en la serie de ABC “Grown-ish”, un spin off de la exitosa “Black-ish”, y cantante que forma parte del dueto ChloexHalle, enfocado en música de R&B contemporánea. A la fecha, el dueto ha sacado un álbum y dos EP, recibiendo críticas positivas por los tres. Ahora, a los 19 años, la actriz recibe su gran oportunidad al interpretar a la icónica princesa protagonista de la película que, hace casi 20 años, detonaría el llamado “Disney Renaissance”, periodo en el que Disney produciría muchos de sus ahora clásicos animados.

“La Sirenita” marcó el inicio de uno de los periodos más prósperos en los estudios de animación Disney, y el personaje de Ariel, un cambio radical en la caracterización de las princesas. Si bien Ariel ha sido criticada con argumentos que la acusan de abandonar su vida y su familia por ir detrás de un hombre, en 1989 Ariel representó a un personaje femenino que se rehusaba a conformarse con su situación. Mucho menos pasiva que las princesas que la precedieron, Ariel era curiosa, añoraba más de lo que tenía y activamente lo buscaba, dispuesta a arriesgar todo por conseguirlo. Fue esta ambición, tan ausente de los personajes femeninos de las primeras películas de Disney, la que hizo que Ariel se destacara de inmediato, no solo en las películas animadas, sino en el cine en general, abriendo el paso para que princesas como Bella y Jazmín pudieran existir en los siguientes años.

“La Sirenita” se destacó tanto por su historia y personaje central, como por su ambientación y música. Y es es imposible pensar en “La Sirenita” sin incluir a “Bajo el Mar” o “Bésala”, dos canciones que revolucionaron la manera en la que la industria y la audiencia veía a las películas animadas. La música hizo que “La Sirenita” pasara a ser más parecido a un musical de Broadway, que a los clásicos de Disney de los 40s y 50s que consolidaran a la compañía décadas atrás. Estas dos canciones, posiblemente las más populares de la película, fueron nominadas al Oscar como Mejor Canción Original, con la primera llevándose la codiciada estatuilla dorada. Y son estas dos canciones los números principales de Sebastián, el rojo cangrejo caribeño que acompaña a Ariel al mundo de la superficie una vez que la sirena adquiere piernas. El cangrejo se convirtió en uno de los acompañantes más populares de Disney, una posición que a la fecha conserva. Y es que, sin duda alguna, el acento y ritmo caribeño del crustáceo le dieron un toque único a la película, y con todo y eso, es fácil pasar por alto esta influencia y ambientación en la película.

Aunque la película jamás confirma el país en el que se desarrolla la acción, está implícito que se trata de Dinamarca, mismo país que en el cuento original de Hans Christian Andersen. Sin embargo, al prestar un poco de atención, es imposible no percatarse de las influencias mediterráneas y caribeñas en los dibujos: peces de colores vistosos y vivos, aguas de apariencia cálida, castillos con arquitectura mediterránea, palmeras y uvas en la aldea y flamingos en las lagunas hacen que se cuestione qué tan danes es lo que se está viendo. La piel del príncipe Eric, incluso, es mucho más apiñonada que la de otros personajes, indicando una ascendencia más italiana que danesa. Con todo esto en consideración, podemos decir, definitivamente, que la adaptación no es precisamente fiel al cuento, ni en la historia per se, ni en la ambientación.

Estamos viviendo en una época de cambios, sociales y culturales. Como sociedad, demandamos honestidad y respeto de nuestros gobernantes, y pedimos más apertura en aspectos socioculturales. Movimientos como el LGBT, #MeToo y Black Lives Matter nos piden abrir los ojos, percatarnos de lo que sucede, y sobre todo, abrir nuestras mentes a nuevas formas de pensar. Es por esto que es verdaderamente sorprendente ver tantas quejas acerca de la elección de Halle Bailey como Ariel. ¿En dónde queda la apertura de pensamiento? ¿En dónde queda la aceptación, la inclusión que tanto se pregona en redes sociales? ¿Por qué pedimos inclusión para cierto sector de la sociedad mientras alienamos a otro? ¿Por qué somos tan incapaces de aceptar a la gente y ver más allá de su color de piel? Si una actriz rubia o de pelo negro hubiese sido escogida para interpretar a Ariel, poca gente, o incluso ninguna, se habría quejado; bastaría con ponerle una peluca roja y listo, sería la Ariel perfecta. Pero si se habla del tono de piel, desafortunadamente aún hay un mar de prejuicios, y aunque no todos pueden ser clasificados como racistas, todos rayan en la intolerancia.

La heroína de caricaturas sigue ahí, inmortalizada en animación y ocupando un lugar que nadie podrá quitarle, jamás. Para todos aquellos que se rehúsen a abrir sus mentes un poco y quieran permanecer en la misma estática de antes, en la que todo debe ser de un color u otro, la Ariel blanca y pelirroja permanecerá por siempre en un Blue Ray, lista para hacerte enamorar de ella como la primera vez que la viste cantar “Parte de Él”. Para todos aquellos que estén dispuestos a dar el beneficio de la duda y de aceptar nuevas caras, nuevas voces e ideas, Halle Bailey dará vida a una nueva heroína, una que inspirará a millones de niñas y niños que, por primera vez en sus vidas, verán a alguien como ellos en la pantalla grande en una historia llena de música, amor y fantasía, y que seguramente les cambiará la vida. Y aunque esta elección sin duda puede resultar delicada si se considera a todos aquellos que jurarán boicotear la película al no tener a la Ariel de su elección, aplaudo el valor de Disney en dar este gran paso. El cambio se logra de esta manera, y es un cambio absurdamente tardío y desesperadamente necesario. El mundo es redondo, la evolución es un hecho y una persona no deja de ser valiosa solo por tener un tono de piel distinto a otro. Bienvenida seas, Halle Bailey, futura príncesa de Disney. Enhorabuena.

Ha pasado una semana desde que la octava y última temporada de “Game of Thrones” terminó, pero para muchos, la serie está más viva que nunca. En estos días, parece que no se puede navegar en internet sin toparse con uno de los innumerables artículos, críticas, opiniones o teorías acerca del universo creado por George R. R. Martin.

La octava temporada recibió críticas mixtas, pero el final de la serie, titulado “The Iron Throne” en honor a la silla en torno a la cual giraron muchas de las principales tramas y que fue testigo de algunas de las escenas más memorables de toda la serie (los veo a ustedes, Varys y Littlefinger), fue, en su mayoría, calificado como “débil”. Anticlimático fue otra palabra usada una y otra vez. Decepcionante.

¿Quién hubiera creído, entrando a esta última temporada, que esas serían las palabras para describir el final de la serie televisiva más popular en el mundo? Mucho se ha hablado de que una serie tan exitosa, jamás iba a poder cumplir con las enormes expectativas que los millones de fans tenían acerca de su final. ¿Cómo podía? Sin embargo, los errores de narrativa están a simple vista, y son muy sencillos de identificar.

El problema de la octava temporada de GOT es muy sencillo: David Benioff y D.B. Weiss, showrunners de la serie, se desenamoraron de la historia, ni más ni menos. Fue su decisión acortar las temporadas siete y ocho, a siete y seis capítulos respectivamente; fue su decisión acelerar los sucesos, ignorar los tiempos del universo que ellos mismos desarrollaron y simplemente saltar de una secuencia a otra, ignorando el hecho de que su serie, en sus mejores momentos, destacaba más por el viaje que por el destino. Si se piensa en GOT, por supuesto que las grandes batallas de Blackwater Bay o Hardhome vienen a nuestra mente, pero mentiríamos si no dijéramos que las conversaciones y dramas humanos son tan o más importantes que las batallas. Aquellos intercambios entre Cersei y Tyrion en la estelar segunda temporada, entre Varys y Littlefinger, entre Brienne y Jaime…los fans de esta serie estuvimos con ella por ocho temporadas porque nos importaban estos personajes, y nos dolía cuando morían en batalla.

Y es precisamente este tipo de relación que un fan tiene con una serie, la que nos lleva a llenar el internet de teorías que nos hacen sentir aun más cerca de Westeros. Creo que hay un escritor dentro de cada uno de nosotros; para algunos las palabras llegan más fáciles, para otros es más difícil organizar las ideas, pero todos somos autores, de una forma u otra. Al día de hoy, 1.5 millones de fans han firmado la petición de change.org, pidiendo que se repita la octava temporada de GOT con “escritores competentes”. La petición, que en sus inicios e igual que muchas otras del mismo tipo fue tomada como una muy ridícula broma, ha logrado su objetivo inicial y ahora va por los 3 millones. No creo que llegue a ese número, pero el hecho de que haya llegado a 1.5 millones hace que Hollywood preste atención y enfrente sus decisiones.

Varios actores del show, incluyendo Isaac Hempstead Wright, Kit Harington y Sophie Turner han expresado su enojo ante la petición, llamándola irrespetuosa e insultante para todos aquellos que trabajaron durante dos años en la octava temporada. ¿Lo es? Tal vez. Pero creo que los fans tienen derecho a expresar su frustración de alguna forma, y una petición que no conseguirá nada más que atraer la atención de Hollywood y los involucrados, es una buena forma de hacerlo. Después de todo, estos fans tienen buenos argumentos: la octava temporada, a falta de una mejor palabra, arruinó las que pudieron ser buenas historias, y las apresuró hasta hacerla parecer forzadas y, por lo tanto, falsas.

Pensemos en Jaime, un personaje que ha estado, lenta y seguramente, en un camino de redención por sus múltiples errores. El que el personaje haya decidido abandonar todo y morir en los brazos de Cersei no es algo descabellado, ni imposible. Es un final razonable para este hombre que, igual que el resto de los personajes en GOT, caminó por un angosto sendero entre luz y obscuridad. Sin embargo, el que haya escogido acostarse con Brienne y después abandonarla en medio de la noche para regresar al lado de Cersei, argumentando que nunca le importaron los inocentes de King’s Landing, cuando todos sabemos que se volvió un Kingslayer precisamente para proteger a esos mismos inocentes, y que todo esto haya sucedido en el transcurso de DOS capítulos es un resultado directo de la falta de tiempo y la necesidad de apresurar las historias para cumplir con el deadline.

Jaime es solo un ejemplo del mal manejo que se le dio a estos personajes que hemos llegado a querer. D&D claramente no sabían qué hacer con Cersei en esta última temporada, así que simplemente trajeron a Lena Headey de vuelta para estar de pie frente a ventanas, tomando vino y prácticamente muda, para después morir enterrada bajo los escombros de su fortaleza. Fue un final abrupto y decepcionante para un personaje que es en gran parte responsable por le éxito de la serie, y en un desperdicio de los talentos de la actriz. Si se tiene a Lena Headey, se aprovecha a Lena Headey. Mantenerla fuera de la acción por la mitad de la temporada es como si el entrenador de Argentina sentara a Messi en la final de un Mundial. No hay razón lógica para hacerlo.

Muchas cosas se han dicho de estos fans que firmaron la petición: los han llamado intitulados, ridículos, exagerados y berrinchudos. Yo únicamente los llamaría fans. Después de todo, son ellos los que seguirán hablando del show mucho tiempo después de que haya terminado, son ellos los que escribirán fan fictions y teorías, y desmenuzarán cada escena de la temporada en videos y blogs, intentando encontrar, o incluso inventándose nuevas pistas o easter eggs. Son ellos los que mantienen a Westeros vivo, aun cuando ya no está en nuestros televisores y mientras George R. R. Martin termina de escribir su saga. Y aunque efectivamente hay muchos trolls entre esos 1.5 millones, también los hay en prácticamente todos los fandoms. Incluso Marvel, los más felices del internet, los tienen.

Los fans de “Game of Thrones” han hablado y no están conformes con el final que se les dio. ¿Cuál es la solución? Definitivamente no es rehacer la octava temporada. Sin embargo, uno de los spin-offs ya ha comenzado su producción, y hay otros tres en desarrollo. Tal vez la solución no esté en el Westeros de Benioff y Weiss, sino en el de algún otro soñador que esté por hacer su pitch con HBO. Y quienquiera que sea este personaje, más le vale creer que los fans estarán ahí, esperándolo preparados y hambrientos por más.