Como cualquier habitante de Icea sabe, incluso aquellos que no tuvieron acceso a una educación apropiada y completa, la historia de nuestro mundo se divide en tres grandes ciclos: el periodo arcaico, antes de la gran gloria y mucho antes de la gran destrucción, conocido como la Pre-Ruptura; el periodo de mayor esplendor, la Ruptura, en donde se vivieron los mayores triunfos en arte cultura y, se dice, tecnología, y que fue terminado de tajo por el gran cataclismo; y el periodo actual, la Post-Ruptura, cuando nuestro mundo por fin se consagró y logró la estabilidad añorada, el momento de mayor paz ininterrumpida de nuestra historia.

Anterior a la Pre-Ruptura, varias pequeñas comunidades existían a lo largo del territorio, que en aquellos tempranos días no estaba separado, sino unido y formando una gran masa continental. Las comunidades, formadas por cinco familias a lo mucho, vivían en relativa armonía, formando pequeños asentamientos en tierras lo suficientemente fértiles para darles una existencia tranquila y permitirles sobrevivir, no más que eso. Los problemas entre familias eran poco comunes, pues los habitantes de aquella época enfrentaban mayores amenazas: las arduas condiciones de aquel mundo primario representaban constantes complicaciones para ellos, desde los bravíos ríos, hasta los salvajes volcanes que habitualmente entraban en actividad. Sin embargo, eran los salvajes animales, algunos tan antiguos que ahora son considerados casi míticos, quienes significaban la muerte segura para nuestros antepasados. La constante actividad volcánica fue la responsable de la separación de la masa continental, y de la subsecuente formación de los cuatro grandes continentes que permanecen hasta la actualidad. Una vez que esto sucedió, no hubo marcha atrás.

La Pre-Ruptura se considera oficialmente iniciada con la coronación del legendario rey Daron, del reino de Hunfrey, en el actual territorio Blavatense. La formación del primer reino oficial desencadenó una tormenta que trajo consigo un rey tras otro, y pronto hubo más de treinta reinos distintos a lo largo de los cuatro continentes. Cien años después, Icea estaría envuelta en una guerra perpetua, conocida como la Marea de Muerte, en la que los reinos se enfrentaría uno con el otro por el control de la tierra disponible. Aunque un reino jamás logró el control único de alguno de los continentes, dos de ellos alcanzaron un dominio parcial sobre los suyos: Usitor, en el actual Triquerra, y Wudor, en el actual Havlón. Los constantes conflictos llevaron al siglo conocido como el Oscuranto, durante el cual las plagas, guerras y pobres condiciones de vida causaron la muerte de poco más de la mitad de la población. Cuatro siglos después, con los reinos todavía en guerra y sin ningún líder aparente, el Culto a Quelkán comenzó a tomar fuerza en el actual continente de Blavata. Con Hunfrey como principal ejecutor, el Culto comenzó a desplazar a las antiguas religiones, que adoraban a dioses de la naturaleza y del cielo, para lograr una unificación de la fe. La llamada Guerra del Frenesí, causada por la huida de la princesa de Engerramet con un joven guerrero de Hunfrey, fue la causante del término de la Pre-Ruptura. Con el triunfo de Hunfrey sobre las fuerzas combinadas del reino de Normand y la familia Benger, que controlaba el territorio norte del actual Triquerra, el Culto a Quelkán llegó a controlar dos de los continentes y fue solo cuestión de tiempo para que su influencia se extendiera a los dos restantes.

La Ruptura se considera iniciada con la fundación de Namalan, el primer reino bajo el control total del Culto a Quelkán, en el actual Triquerra. El legendario rey Arther Folkes fue quien llevó Namalan a la cima del poder, logrando extender el reino hasta cubrir totalmente el continente. Con Hunfrey en control total del actual Blavata, en tan solo cien años el Culto se había convertido en la fuerza dominante de Icea. En los territorios de Havlón y Holbein permanecieron algunos de los reinos Pre-Ruptúricos, y algunas ciudades libres emergieron durante este tiempo. Fue durante la Ruptura que, se dice, existió la legendaria ciudad de Crehetón, que habría de localizarse en una pequeña isla en medio del actual Mar de Manel. Crehetón, junto con su hermana, Mahedón, la ciudad de los engranes supuestamente localizada en la punta norte del actual Havlón, habrían de ser los dos poderes tecnológicos de la Ruptura, y las cunas de muchos de los avances que se perdieron con el Cataclismo. La Ruptura representó un periodo de grandes cambios a nivel social: los primeros Anargáutas surgieron a mediados del siglo y con ellos, la necesidad de una nueva estructura. Los reinos dejaron de luchar entre ellos y comenzaron a impulsarse, el arte floreció, las primeras universidades fueron construidas y el estudio comenzó a tomar fuerza. La religión fomentó un estilo de vida libre de guerras, y la riqueza aumentó, tanto para nobles como para comunes. El Cataclismo de Anastas, ocurrido en el 1600 Ruptúrico, fue el comienzo del fin. Los reinos y las ciudades se sumergieron en caos y descontrol ante la devastación y se volvieron en contra de Quelkán, creyéndolo el culpable. Los ídolos fueron destruidos, los templos desacrados y una vez que el humo se disipó, poco quedaba de la gloria que se había experimentado durante 1,600 años.

La época actual, conocida como la Post-Ruptura, se considera iniciada con la creación de los cuatro reinos que actualmente nos rigen. El Anargautismo cobró fuerza y pronto se convirtió en uno de los grandes pilares de la sociedad, rigiendo muchos de los aspectos de la vida diaria. La Flor de Manel se convirtió en la religión de los reinos, desplazando al Culto, pero tomando un lugar más pasivo en el día a día. El arte y la erudición continuaron floreciendo, pero los grandes avances tecnológicos logrados durante la Ruptura no sobrevivieron, llevando así a un estancamiento que no se ha logrado superar. Deseando conservar la paz que se vivió durante la Ruptura, se fundaron Fuerzas, Especiales y Anargáuticas, para mantener el orden y asegurar la prosperidad. El enfoque se ha tornado más hacia el atletismo y la excelencia física, sin dejar atrás la erudición y cultura. Si bien no se ha alcanzado la gloria total que se vivió en la Ruptura, la época actual ha logrado importantes avances, principalmente en temas Anargáuticos, y se perfila que, en cuestión de años, logremos alcanzar los niveles vividos en la era anterior. Sobre todo, durante más de mil años hemos vivido un periodo de paz ininterrumpido en los cuatro reinos: lejos están los días de guerras y enfrentamientos, abriendo paso así a una nueva era de hermandad entre reinos. Icea por fin se ha consolidado y convertido en lo que siempre debió ser y es obligación de todos nosotros mantener este nuevo mundo que junto hemos creado.

Extracto tomado de “Icea: Una historia”, por Helewys II

En la antaña era de la Pre-Ruptura, cuando Icea no era más que un grupo de reinos pequeños en perpetua lucha el uno con el otro, existieron dos amantes, cuyo amor prohibido desafiaría el orden impuesto y la convención establecida, y traería consigo el inicio del fin de aquella arcaica era. Los legendarios Amantes del Círculo de Carnac, cuya historia ha sobrevivido hasta nuestros días, han sido protagonistas de escritos, libros, cantos, obras, pinturas, esculturas y demás expresiones artísticas que pretenden inmortalizar aquel amor que significó la ruina de unos reinos y el ascenso de otros que dominarían durante el esplendor de la Ruptura.

Ema Oriel, princesa del reino de Engerramet, estaba comprometida con Roger Goin, príncipe heredero del poderoso reino de Hunfrey, prácticamente desde su nacimiento. Bella, impetuosa y más curiosa de lo permitido, Ema pasaba los días cabalgando a través de su pequeño pero orgulloso reino, mismo que se encontraba en el actual territorio Triquerrense, y que era separado de su reino vecino y principal aliado, Normand, por un espeso bosque de altos y rojos árboles. La princesa, aunque no de mal ver en lo absoluto, era más conocida por su aspecto descuidado, resultado de sus constantes aventuras en el bosque, que por su atractivo como prospecto envidiable, y no era ningún secreto que Roger Goin había, en más de una ocasión, intentado zafarse del compromiso. Pero el futuro matrimonio era una unión que convenía a ambos reinos: para Engerramet, el estar bajo la protección de las Puntas de Sangre, el poderoso ejercito de Hunfrey, significaría la oportunidad de expandir el reino hacia el norte, territorio que, en ese entonces, ocupaba la familia Benger, sin pertenecer a ningún reino; para Hunfrey, que se encontraba en el actual territorio Blavatense, significaba extender su influencia a través del ahora Mar de Manel, llevando consigo su cultura y la religión que desesperadamente querían imponer, el Culto a Quelkán.

Ambos reinos, entonces, estaban llevando a cabo un contrato a través de sus hijos, lo cual no era, ni es en la actualidad algo extraño, pero las cosas habrían de complicarse más de la cuenta. Cuando Roger Goin llegó a las costas de Engerramet, acompañado de su escolta particular, la Sangre de Goin, un grupo de los ocho mejores guerreros de Hunfrey que gozaban de la entera confianza de su futuro rey, se presentó ante él su futura esposa, ataviada con las mejores sedas, cubierta de pies a cabeza en deslumbrantes joyas y con una sincera pero resignada sonrisa de conformidad hacia el destino que a ambos les esperaba. El príncipe heredero de Hunfrey quedó plácidamente sorprendido con su prometida, pero no fue el único cautivado por la joven Ema. Alfan Ouen, uno de las más recientes adiciones a la Sangre de Goin, que rápidamente se había convertido en amigo y confidente de Roger, y que era reconocido por su pericia con la espada, cruzó miradas con la princesa y en ese momento sellaron su destino y cambiaron el futuro del resto del mundo.

Las celebraciones antes de la boda duraron por treinta días y treinta noches; de mutuo acuerdo se declaró que la unión se realizaría bajo el Culto a Quelkán, y los alarmados habitantes de Engerramet, vírgenes ante las extremas costumbres del Culto, se vieron forzados e enfrentar una serie de fiestas de luz, color y, se dice, incluso sangre en honor a Quelkán. Tan distraídos estaban todos los partícipes, incluyendo al mismo Roger, que si bien jamás había sido fanático del Culto a Quelkán, sí lo rendía, más por fuerza que por gusto, con el despliegue de fe frente a ellos, que nadie se percató del sentimiento que comenzaba a florecer entre la princesa Ema y el guerrero Alfan. Entre ambos jóvenes nació una pasión sin igual, un amor que pudo haber rivalizado aquellas pasiones que los dioses antiguos vivieron para crear Icea. Los jóvenes se entregaron su virtud y juntos vivieron todo lo que se puede vivir en treinta días con sus noches. Luego, la noche antes de la boda, se dijeron un beso final y se dispusieron a despedirse por siempre. Pues ambos sabían que la unión del día siguiente no se podría romper de ninguna forma, y que el intentar hacerlo significaría la muerte para él, y la más cruel de las condenas para ella.

La mañana llegó y ella, ataviada en su largo y opulento vestido blanco, luchó contra las lágrimas que, desesperadas, morían por derramarse y caer sobre su rostro. Él, usando la armadura azul y la capa del más intenso de los rojos que denotaban su lugar como miembro de la Sangre de Goin, se dispuso a ocupar su lugar entre la escolta, resignado ante las crueles decisiones del destino. Sin embargo, en ese preciso momento y como si viniese del mismo cielo, una voz les habló a ambos amantes. “Luchen”, les imploró la voz, casi en un susurro, “luchen por su amor. Luchen contra todo y contra todos. No teman, que yo habré de auxiliarlos.” Los jóvenes dudaron y por sus mentes cruzaron todo tipo de consecuencias que caerían sobre ellos si se atrevían a actuar. Aun así, y con todo lo que sabían, la voz les suplicó una vez más y ambos se decidieron. El joven guerrero subió hasta los aposentos de la futura novia y la tomó de la mano, derrumbando a cuanto hombre se le pusiera en frente. Después, ambos se hicieron hasta el bosque de altos árboles rojos y se internaron en él, desapareciendo entre el tupido follaje.

La ira de Roger Goin no tenía límites y no mostró piedad ante los habitantes de Engerramet. Mandó a cien hombres de su ejercito a formar una muralla humana afuera de las puertas del reino, impidiendo la entrada y salida del mismo, efectivamente convirtiendo en prisioneros a cuanto hombre y mujer morara dentro de él. Después, mandó traer al resto de las Puntas de Sangre, que cruzaron el mar con la intención de conquistar no solo Engerramet, sino también Normand y el territorio al norte. Normand, al enterarse de la situación, mandó emisarios al norte y logró una tregua con la familia Benger: ambos harían frente a las Puntas y, de salir victoriosos, se repartirían el reino de Engerramet, o al menos lo que quedara de él. La guerra estalló y el enfrentamiento fue cruel e imperdonable para ambos lados, pues aunque las Puntas de Sangre luchaban con destreza y orden, los guerreros de Normand y Benger lo hacían con rabia y determinación; unos peleaban por defender el honor de su rey y los otros por proteger su legado ancestral de aquellos que buscaban poseerlo. La guerra duró lo que dura un año entero, y al final, las fuerzas combinadas de Normand y Benger no fueron rivales para las Puntas, cuyas filas parecían se constantemente nutridas con nuevos y vitales hombres, y fueron derrotadas en la decisiva batalla de Costa Verde.

El bosque de árboles rojos, que hasta ese momento había sido defendido a toda costa por el ejército de Normand, por fin fue liberado y las Puntas de Sangre fueron capaces de penetrarlo, haciéndose paso a punta de espada, en busca desesperada de los prófugos amantes. A la cabeza iba el ya deteriorado príncipe Roger que, desfigurado por las constantes batallas de la guerra, parecía estar de pie más por el odio que les tenía a los amantes, que por sus ganas de vivir. Durante veintinueve días con sus noches, las Puntas buscaron el bosque, derrumbando cuanto árbol podían, esperando sacar de su escondite a los amantes, sin lograr ningún resultado. Por fin, en el día treinta, las Puntas llegaron al Círculo de Carac, el corazón del bosque, en donde se solía rendir tributo a los antiguos dioses creadores de Icea, y en donde se habían refugiado los amantes desde su huida de Engerramet. Incapaces de abandonar el bosque a causa de la guerra, los amantes habían formado una sencilla vida en el Círculo, esperando pacientemente el momento en el que pudieran abrirse paso al mar y zarpar hacia las tierras del sur, alejándose de ahí y dejando atrás su violento pasado.

El príncipe Roger fue el primero en pisar el Círculo y, al encontrarse con los amantes, su ira incrementó al percatarse de la situación de Ema. La antigua princesa estaba embarazada, y a juzgar por su tamaño, muy próxima a dar a luz. Encolerizado y deseando acabar con aquella criatura nonata cuanto antes, ordenó a sus Puntas esperar en los bordes del Círculo, pues les dijo, debía ser él quien acabara con aquellos dos traidores causantes de tanto dolor y muerte. Los amantes se tomaron de las manos, y se arrodillaron en el centro del Círculo, hablando en un lenguaje que nadie más podía comprender, mientras rogaban a alguien que solo ellos podían conocer. Confundido, el príncipe se detuvo en seco, asustado ante las actitudes de los amantes, y ese fue el peor error que pudo haber cometido. En ese momento, del cielo descendió una incandescente luz, como si de una lluvia de fuego se tratase, que envolvió a los amantes por completo, ocultándolos de la vista. El bosque entero se iluminó y, cuando la luz se hubo ido y el mundo hubo vuelto a la normalidad, los amantes habían desaparecido y el príncipe Roger yacía muerto en el piso, con una expresión de profundo horror grabada en el rostro.

Como triunfador de la llamada Guerra de las Puntas, el reino de Hunfrey conquistó al reino de Engerramet y a lo que quedaba del reino de Normand y de las tierras del norte, y estableció lo que en pocos años llegaría a ser Namalan, uno de los reinos más importantes de la Ruptura. El hermano menor de Roger, Geffrey, un fiel devoto del Culto a Quelkán, subió al trono de Hunfrey y designó a su primo y confidente, Arther Folkes, como el rey de Namalan. En pocos años y bajo la mano de Arther, Namalan se convertiría el centro del mundo y la cuna de la Ruptura, el periodo de mayor esplendor que ha conocido Icea. Los reinos que existieron en la Pre-Ruptura se fueron doblegando ante Namalan, uno a uno, y el Culto a Quelkán pronto fue la cobija que arropó al mundo entero.

En cuanto a los amantes, nadie volvió a saber de ellos. Los cantos de la época afirman que, después de rezarle a los antiguos dioses, que sabían que muy pronto dejarían de recibir la fe de los habitantes de Icea, ambos fueron llevados al Ellice, el paraíso en donde aquellos poderosos creadores moraban, para vivir ahí por el resto de la eternidad. Los más devotos al Culto afirman, por el contrario, que fue el mismo Quelkán el que los envolvió con su anillo de fuego, otorgándoles la inmortalidad con su toque ardiente y dándoles la oportunidad de buscar la vida que ambos añoraban. Los eruditos realistas, en cambio, afirman que los amantes hicieron un pacto suicida y se quitaron la vida frente al príncipe, prefiriendo la muerte a vivir separados. Y aunque se ha hablado de una pareja de jóvenes que, acompañados por su pequeña hija, una niña especial que parecía irradiar una mística energía, se asentaron en el territorio que actualmente es Holbein, y vivieron el resto de sus días en las profundidades de los bosques, y de vez en vez los Holbenanos afirman que en los bosques del norte se escucha la melodía que los amantes solían cantarse, lo cierto es que no se conoce el desenlace de la leyenda, y no hay nadie vivo que pueda confirmarlo.

Aun así, en la actualidad, son muchos los que, con el corazón roto a causa de un amor perdido o con la soledad como única compañera, viajan hasta Triquerra y se dirigen al lugar en donde alguna vez estuvo el Círculo. Y al llegar ahí, lloran y levantan las manos y suplican por encontrar un amor, o tal vez piden la protección de uno ya encontrado, pero gritan a los cielos, sollozando con devoción, esperando ser tocados por la gracia de los Amantes del Círculo de Carac.

Extracto tomado de “Historia de Amor de Icea”, por Eloise Gelen

Blavata, el reino más extenso de toda Icea, es también el más frío. Descansando bajo un perpetuo cielo nublado, el reino de marfil, como también se le conoce debido a las altas murallas de uno de sus castillos más imponentes y representativos, Harewood, irónicamente casi no es víctima de lluvias torrenciales; por el contrario, es raro ver una lluvia en Blavata. El reino de marfil es más bien sede de fuertes ventiscas y torbellinos que nacen en Olli, la región oeste de Blavata, ubicada justo a la orilla del mar, y que avanzan hasta adentrarse en el océano, arrastrando la salada agua hasta el resto del reino, como una especie de lluvia fresca que no cae del cielo, sino que llega de los lados como una ráfaga Anargáutica.

Blavata es reconocida por cuatro aspectos que la separan de sus tres reinos hermanos: su flora y fauna, misma que es endémica del territorio y no se puede encontrar en ningún otro reino; su Universidad, considerada la más importante académicamente hablando, de la cual salen los historiadores, geógrafos, escritores y eruditos más importantes de Icea; su Ciclo de la Moda, un evento de diez días que tiene lugar cada invierno y que celebra las creaciones de la alta costura de los principales diseñadores, en donde se presentan los modelos más originales y, en algunas ocasiones, ridículos de toda Icea; y Llasante, el legendario festival en celebración a la muerte y las flores, que se lleva a cabo cada año, días antes de la primera nevada.

La flora y fauna de Blavata tienen un lugar especial en el reino. Son varios los ritos que se celebran, aún en la actualidad y fuera de la Flor de Manel, por supuesto, en nombre de los animales y flores que viven únicamente en Blavata. Tal es su importancia que en el escudo oficial del reino aparecen dos representantes de cada uno: en los extremos, las tres plumas que decoran la cabeza del elusivo y nocturno Búho Blavatense, reconocido en toda Icea gracias al peculiar sonido que sale de su pico al encontrarse en peligro y que suena parecido a una furiosa cascada; y en el centro, tres Orioltas, la pálida y pequeña flor representativa de Blavata, que se ha convertido en un verdadero icono de la muerte, no solo en el reino en el que florece, sino en el resto de Icea.

Blavata es un reino de cultura. El Conservatorio del Reino, hogar de miles de importantes piezas de la historia de Icea, es una de las principales atracciones de Blavata y recibe miles de visitantes cada año, haciéndolo, después de Casa Castalana en Holbein, el conservatorio más importante de todo Icea. La Universidad de Blavata también es hogar de una de las colecciones de pinturas y esculturas más extensas de los cuatro reinos, aunque el acceso está restringido principalmente a nobles, estudiantes y eruditos. La Casa de Regina, dedicada a la exhibición de ropa y joyas de años pasados, es financiada por la corona Blavatense y recibe casi la misma cantidad de visitantes que el Conservatorio. Por último, La Jaula de Oro, hogar de miles de especies animales, no solo de Blavata sino de otros reinos, y El Jardín de Plata, un invernadero con la colección de plantas más grande que se pueda imaginar, forman una dupla que completa el extenso abanico cultural del reino de marfil.

La vida en este reino es una amalgamación de los otros tres: no es tan tranquila como en Holbein ni tan acelerada como en Havlón o Triquerra. El clima frío hace que los Blavatenses casi siempre estén enterrados bajo gruesas capas de piel, cuero y lana; la nobleza casi siempre se decora con flores, aún cuando no sea Llasante, y sus capas tienen las pieles más exóticas, traídas desde Havlón. La vida en la corte Blavatense es mucho más ostentosa que la de sus hermanas, incluso que la Triquerrense; esto principalmente debido a la actual reina, Luanda Percival, que se ha encargado de introducir costumbres mucho más refinadas y, algunos dicen, aparatosas al anteriormente manso reino. Las elegantes fiestas que se celebran cada fin de mes en el palacio real Blavatense, Belvormal, son ya conocidas en toda Icea y son cada vez más los nobles que, desesperados, intentan conseguir una de las exclusivas invitaciones que la reina entrega personalmente.

El reino es mucho más reciente y fresco que sus hermanos. Mientras que Holbein es el reino campirano y Havlón el reino tradicional, tanto Blavata como Triquerra se disputan la calificación del reino moderno. Y es que, aunque Triquerra tiene los avances tecnológicos, como las norias de energía, las casas constructoras de móviles y dirigibles, y las avanzadas instalaciones de entrenamiento Anargáutico, Blavata lleva la modernidad en el estilo de vida. Al ser el reino más joven, es también el que más rápido se adapta a los cambios y, por lo tanto, sus construcciones, desde sus castillos hasta sus techos más humildes, han comenzado a dejar atrás las altas torres del pasado y han ido adoptando los nuevos estilos de construcción que maestros como Daggio o Elton Afare han introducido. Los Blavatenses son menos conservadores que el resto de Icea, y es común ver a sus jóvenes, e incluso sus generaciones mayores, adoptando nuevos estilos de vestimenta, maquillaje y comportamientos.

Blavata es un reino de color y erudición, una mezcla de lo nuevo y lo viejo, de lo natural y lo artificial, lo conservador y lo atrevido. Menos preocupado por las apariencias y por la tradición, los Blavatenses se preocupan por respetar el lema no oficial de su reino: vive y deja vivir. No es sorprendente que, en los últimos años, más y más jóvenes recién salidos de la universidad, viajen hasta Blavata para iniciar su vida adulta en el llamado reino de marfil, lejos de lo que ellos consideran el yugo continuista de los otros tres reinos. Y considerando la tremenda extensión territorial que el reino posee, tiene más que suficiente lugar para recibir a más de un joven que busque un nuevo comienzo. Josep Melcher, Rey actual de Blavata, ha afirmado más de una vez que los fríos brazos de su reino siempre estarán abiertos para recibir a los viajeros que busquen un hogar y ellos le están tomando la palabra. Si el asunto sigue así, y seguramente así será, no sorprendería que, en cuestión de años, Blavata no solo sea el reino más extenso, sino el más poblado también. Y entonces, el reino de la muerte estará lleno de vida.

Extracto tomado de “La Vida en Icea”, por Hal Ensor

por Raff Michelet

Cada año, al inicio del verano, cuando toda Icea se esconde bajo una intensa capa de calor y humedad, el Consejo de la Salud Física se congrega en el reino de Havlón para dar inicio a las competencias deportivas más importantes de los reinos: los Juegos de Havlón, una tradición de más de dos mil años que reúne a los cuatro reinos para enfrentarse en una serie de juegos que combinan destreza mental y resistencia física. La competencia es la más reñida de todas y una vez superadas las arduas pruebas, solo unos cuantos son recompensados con la corona de laureles y las espadas del valor, simbolizando su triunfo sobre el resto, y reafirmando su posición como lo mejor de lo mejor.

Los juegos comienzan el primer día del verano en punto de las doce, cuando el sol está en su máximo esplendor, y tienen una duración de más de veinte días. En total, hay 10 distintas competencias oficiales en los Juegos de Havlón: lucha a cuerpo, lucha Anargáutica, lucha a espada, lanzamiento natural, lanzamiento Anargáutico, carrera a pie, carrera Anargáutica, carrera en dirigible, Pentatlón de energía y Aeróstato, y todas son divididas en únicamente dos categorías: masculino y femenino. Hay tres victoriosos por categoría, que son premiados con las espadas del valor: oro, plata y bronce, de acuerdo al lugar obtenido.

El reino de Havlón ha sido la sede de los Juegos desde su creación, y desde entonces ha sido acondicionado para ser el mejor albergue posible para esta legendaria competencia. Havlón cuenta con diez estadios, uno para cada competencia, todos construidos y adaptados específicamente para las disciplinas que soportan. De igual manera, el reino cuenta con diez escuelas dedicadas al entrenamiento y preparación de cada disciplina; cada otoño, los jóvenes a partir de los diez años llegan a Havlón para iniciar su preparación en la disciplina de su elección; es muy común ver a la capital del reino llena de juventud y se dice, incluso, que hay diez jóvenes por cada adulto. No por nada, a este reino se le conoce como “la tierra de los primeros años”.

En los primeros juegos, y por razones obvias, las competencias Anargáuticas no eran parte del listado oficial. Sin embargo, con la propagación de la Flor de Manel y el ascenso en la popularidad de los Anargáutas, las competencias de energía fueron tomando más y más relevancia, causando la desaparición de varias disciplinas naturales que fueron volviéndose obsoletas con los años, hasta llegar al punto en el que nos encontramos: no son pocos los que afirman que, dentro de unos años, las competencias naturales tomarán aún menos relevancia en favor de nuevas disciplinas relacionadas con la energía. Después de todo, el Aeróstato, actualmente considerada la competencia más importante y la que mayor número de apasionados seguidores tiene, tan solo tiene cien años de antigüedad en los Juegos. ¿Es tan difícil imaginarnos más competencias de energía en los próximos años?

Con el alza en la popularidad de competencias Anargáuticas como el salto, la navegación e incluso el baile, una petición oficial se ha enviado al Consejo de la Salud Física para incluir a estas tres disciplinas dentro de los Juegos oficiales, y aunque los últimos rumores afirman que el Consejo está considerando su inclusión seriamente, nada oficial será anunciado hasta dentro de tres años, por muy pronto. Sin embargo, si estas tres disciplinas llegaran a incluirse en los Juegos, las competencias Anargáuticas ya superarían a las naturales, ocho a cinco. Actualmente, tenemos un balance: cinco disciplinas naturales, cinco Anargáuticas. ¿Estamos preparados para vivir unos juegos Anargáuticos en su mayoría? ¿Cuánto tiempo pasará antes de que los Juegos sean Anargáuticos en su totalidad? ¿O es que acaso estamos al borde de una separación de los Juegos? Pronto, incluso más pronto de lo que pensamos, podríamos encontrarnos celebrando los Juegos Anargáuticos en el verano y los Juegos Naturales en la primavera o en el otoño. ¿Sería esta una idea tan descabellada?

Mientras el Consejo de la Salud Física se debate ante estas importantes decisiones que podrían cambiar esta milenaria tradición, nosotros nos preparamos para una nueva iteración de los Juegos. Estamos a tan solo cincuenta y cinco días de esta importante celebración, que inevitablemente adquirirá un tono político. Todos los ojos estarán sobre los competidores naturales y nos haremos una importante pregunta: ¿serán capaces de darnos el mismo nivel de entretenimiento que sus contrapartes Anargáuticos? Después de todo, una carrera a pie o una lucha a cuerpo son bastante predecibles; sabemos qué esperar de ellas y el elemento sorpresa es prácticamente inexistente. Pero cuando hay energía de por medio, las posibilidades son casi infinitas y nuestras expectativas crecen, nuestra piel se eriza, nuestra sangre se dispara. Son esas situaciones las que despiertan la verdadera pasión, no solo en este escritor, sino, me atrevo a decir, en toda Icea. Que los Juegos comiencen.

Artículo tomado de “La Gaceta de Blavata”, doce del tercero, cuatro mil doce Post Ruptura

La Flor de Manel es la organización religiosa más importante en Icea. Basada primordialmente en el Himno de Manel, una serie de cantos y enseñanzas impartidas por Sosanna, la llamada Flor de la Avelina y legendaria emisora del mensaje de Manel, la religión fue fundada por un pequeño grupo de seguidores de Sosanna durante los periodos Ruptúricos, pero su consolidación se dio gracias a Alianora Anchoret, la primera reina de Triquerra, en los días inmediatos de la Post Ruptura. Los fieles seguidores de la Flor son conocidos como Avelinos.

El propósito principal de la Flor es esparcir el mensaje del Himno y llegar a cada rincón de Icea, convirtiendo a los No Fieles en el proceso. Aunque no es la única religión en Icea, la Flor es, por mucho, la que predomina sobre los cuatro reinos, tanto que se considera como la oficial. Las cortes reales, e incluso el Consejo de Energía consideran al resto de las casi veinte otras doctrinas en Icea como “cultos”, y por lo tanto, informales y prácticamente irrelevantes.

La Flor de Manel está representada por una flor amarilla sobre un fondo color sangre, delimitada por hiedras doradas. La flor amarilla simboliza a Sosanna, la Flor de la Avelina, la mujer que escuchó el canto de Manel por primera vez y que lo acogió en su humilde hogar, cuidándolo y acompañándolo en cada paso de su viaje. El fondo color sangre simboliza la vida consolidada en María, la Ciudad Gris donde Manel viviría durante su estancia en la tierra. Por último, las hiedras doradas representan la energía que habita nuestra tierra y que nos rodea con su poder. Estos tres símbolos son los más importantes en la religión, y siempre se encuentran representados más de una vez dentro de las Flores, las catedrales construidas en honor a Manel. En Icea hay cuatro principales Flores, una en cada reino, en donde se realizan las ceremonias y ofrendas más importantes, incluyendo el Canto a la Energía.

A la cabeza de la Flor de Manel, inmediatamente debajo de Manel y Sosanna, se encuentra la Mía, que rige desde su trono en la Flor de Adela, en Havlón, y que representa la energía de Manel en la tierra. Debajo de ella están sus dos principales agentes, el Tallo y la Raíz, quienes la ayudan a mantener la paz y la representan en situaciones en las que la Mía no sea capaz de presentarse personalmente. Debajo de la Mía, hay un grupo de ocho representantes, denominado el Comité de Pétalos, que representa cada uno de los ocho pilares de la Flor. Estos Pétalos son nómadas, pues viajan de reino en reino según la situación, y por lo tanto, no tienen una sede en particular. Bajo el Comité de Pétalos se encuentran las Hojas, cuatro mujeres que representan a la Flor en cada uno de los reinos, y por lo tanto son las máximas autoridades. Sus hogares son las Flores, las catedrales desde las cuales predican el mensaje de Manel, y en los cuales entrenan a las Semillas, los jóvenes estudiantes que desean dedicar su vida a la Flor.

La Flor de Manel está soportada por ocho principales pilares: Amor, Respeto, Paciencia, Empatía, Generosidad, Solidaridad, Arrepentimiento y Tolerancia, mismos que deben existir en cada persona de Icea que pretenda convertirse en un Ser Elemental, es decir, aquellos que son lo suficientemente dignos de comunicarse con Manel, aun en la tierra. La Flor predica cuatro mensajes principales, que conforman las cuatro Declaraciones del Himno de Manel:

  1. La Energía es el motor de Icea, la razón de nuestra existencia y el principal regalo de Manel a la humanidad.
  2. Manel llegó a la tierra durante la Ruptura, y fue él quien ayudó y alentó los avances vividos en Icea durante esa gloriosa época.
  3. La humanidad cometió errores y tomó por sentado las enseñanzas de Manel, provocando la eventual caída de María, la Ciudad Gris, hogar de Manel, y causando su partida de Icea.
  4. Manel regresará cuando la energía sea tan fuerte, que esté presente dentro de todos los habitantes de Icea.

Aunque las tres primeras Declaraciones son generalmente aceptadas y respetadas, la cuarta ha sido causa de gran controversia, principalmente en los últimos años. Los Anargáutas lo han tomado como un indicativo de que Manel regresará cuando toda la humanidad posea habilidades Anargáuticas, mientras que el resto afirma que las palabras se refieren simplemente a la energía presente en los corazones de los naturales, no necesariamente a la presencia de habilidades. En la última Suprema Asamblea de la Flor, surgió un conflicto entre los representantes Anargáuticos y los Especiales, pues los segundos pedían un cambio en las palabras de la cuarta Declaración, y los primeros se negaban rotundamente, considerándolo blasfemia. El conflicto forzó a la Mía Emony a intervenir, y aún así los ánimos permanecieron encendidos.

La Flor de Manel es una de las Instituciones más vitales para el funcionamiento de Icea. Más que el Consejo de Energía, la Flor es la fé que mantiene a la humanidad unida. Tanto Anargáutas como naturales son capaces de tomarse de las manos y cantar el Himno de Manel, y eso es algo que jamás se debe tomar por sentado. Aunque son muchos, cada vez más si somos honestos, los que se oponen a la Flor como la única religión oficial en Icea, es necesario afrontar la realidad: la humanidad no necesita más de una religión. Lo único que esto provocaría serían discusiones, conflictos y una división entre los reinos que bien puede resultar irreparable. Jamás debemos olvidar el principal mensaje de Manel:

“La energía une a los humanos con la tierra que habitan. Tomarse de las manos, compartir la energía los unos con los otros y, entonces, conocerán el verdadero significado del poder.”

Solo bajo una sola dirección, firme y determinada, podremos conocer el verdadero significado del poder. La Flor de Manel es nuestra guía en la tierra, y la única luz que deberíamos reconocer. Así ha sido durante miles de años, y así seguirá siendo por miles más. Lleven con ustedes el Fruto de Manel.

Fragmento tomado de “Introducción al Himno de Manel”, por Hervey, Semilla de Holbein

El Alto Consejo de Energía es una de, si no es que la suprema autoridad en Icea, encargado de regular todos los tipos de energía en la tierra. Formado en los primeros días de la Edad Moderna, casi inmediatamente después de la Ruptura, el Consejo, cuya sede es el monstruoso complejo conocido como el Balecón, ubicado en las afueras de Triquerra, es el salvaguarda de la energía en Icea y la principal razón por la cual los Anargáutas han logrado ascender en los rangos de los reinos.

El ACE, como se le conoce regularmente, está conformado por un Supremo Panel de ocho individuos, dos de cada reino, que toman las decisiones importantes y principales en temas de energía. Debajo de este Panel, hay tres principales áreas, cada una conformada por cuarenta individuos, diez de cada reino, que vigilan, controlan y mantienen las principales fuentes de energía en Icea: el rayo, el viento y el hombre.

Si bien los Anargáutas pueden tomar energía de sus alrededores, principalmente de árboles, plantas, animales y en algunas ocasiones, de la misma agua, la energía humana siempre será la principal fuente de las habilidades Anargáuticas. Aquellos que pertenecen al área de Control Anargáutico, encargados de mantener el control de los Anargáutas, comúnmente llamados Delegados, trabajan en colaboración con las Fuerzas Anargáuticas de cada reino para mantener un control exacto de la cantidad de Anargáutas en cada reino, así como sus identidades y potencial. Los Delegados trabajan directamente con la Universidad Anargáutica, incluso impartiendo algunos cursos y gestionando el uso de energía de cada Anargáuta. En caso de que se requiera la asistencia de los Anargáutas en alguna causa de fuerza mayor, como la llamada Depresión de Triquerra hace más de trescientos años, los Delegados son los responsables de gestionar y dar seguimiento al tema.

El área de Control Eólico, conformada por aquellos a quienes comúnmente se les llama Huracanes, es la responsable de promover el desarrollo de la energía que viene del viento. Son los Huracanes quienes controlan, mantienen y explotan las enormes Norias que le dan su nombre al gran pueblo de Triquerra, de donde proviene la mayor parte de la energía usada en Icea. Los Huracanes constantemente se encuentran en búsqueda de nuevos y mejores diseños para sus Norias, que les permitan generar más y más energía para satisfacer las crecientes necesidades de los hambrientos reinos.

Clásica Noria para generar energía. Se estima que al menos cien iguales a esta existen dentro de los límites de Noria, el pueblo Triquerrense coloquialmente llamado “La Cuna de la Energía”

Por último, el área que muchos consideran la más emocionante y peligrosa de las tres, es la de Control Eléctrico, conformada por las llamadas Centellas, cuarenta mujeres Anargáutas que viajan por los cuatro reinos persiguiendo la lluvia. En el momento en que el rayo de la tormenta ilumina el cielo, las Centellas utilizan sus habilidades Anargáuticas para absorber la energía liberada en la descarga, misma que almacenan en contenedores conocidos como Generadores. Los Generadores tienen distintos usos, entre ellos hacer andar los móviles de los nobles y energizar las ballestas usadas en contra de criminales Anargáuticos; la electricidad, es bien sabido, es la única forma de incapacitar a un Anargáuta. Se dice que, en la Pre-Ruptura, los Generadores eran usados para dar potencia a enormes estructuras hechas de fierro y metal, cuyos propósitos eran variados, pero poca evidencia concisa se ha encontrado para probar su existencia.

La energía que nos rodea, y que cada vez se torna más necesaria en el día a día, es la fuente de la prosperidad en Icea. Cada vez son más las aplicaciones que se encuentran para los distintos tipos de energía, desde presas hasta métodos de transportación e incluso entretenimiento. Los Huracanes se encuentren más abrumados que nunca con esta nueva demanda energética, y muchos creen que no pasará más tiempo antes de que se duplique el número de miembros dentro del área de Control Eólico.

Y es que en esta Edad Moderna en la que vivimos, debemos preguntarnos, ¿a dónde nos dirigimos? ¿A dónde queremos llegar? ¿Hay algo más allá de nuestros reinos? Hace aproximadamente ciento cincuenta años, el científico y filósofo Ulric Barac postuló las siguientes preguntas como parte de su colección de ensayos, “Pensamientos e ideas de un hombre inconforme”: ¿Hay algo arriba de nosotros? ¿Hay algo más allá de nosotros? ¿Qué habrá más allá de las estrellas que iluminan nuestras noches? ¿Algún día habrá la suficiente energía para responder todas nuestras preguntas?

Si Ulric viviera hasta estos días, tal vez su inconformidad sería mayor, pero su sed de respuestas estaría también próxima a saciarse. Después de todo, el mayor avance energético se ha tenido en los últimos cincuenta años y jamás ha habido tanta energía como la hay ahora, no solo en Norias o Generadores, sino en la tierra como tal. Prácticamente todo Anargáuta mayor de sesenta puede declarar que, en los últimos años, la cantidad de energía disponible en la naturaleza ha incrementado considerablemente, y es ahora casi abrumadora. A raíz del evento conocido como La Exención, sucedido hace unos años y en el que una gran cantidad de energía fue liberada sin razón aparente, la necesidad de un mayor estudio en el campo energético se ha vuelto casi una urgencia. No son pocos aquellos que piensan que un exceso de energía sería una crisis sin precedentes, para la cual no estaríamos preparados.

Con este propósito en mente, el ACE se ha enfocado en reestructurar sus rangos, esperando poder ganarle la carrera a la energía, y todo parece indicar que un cambio trascendental viene en camino. Y es que, si decidimos creer los rumores que salen del Balecón, los Huracanes están al borde de un descubrimiento asombroso. Apoyados por Luanda Percival, una de las mecenas más grandes para el desarrollo energético, los miembros del Control Eólico parecen estar en pleno desarrollo de una nueva forma de generación y liberación de energía. Para qué se piensa usar este nuevo desarrollo, es algo que solo ellos pueden responder, pero una cosa es segura: Icea no será la misma después de que estos hallazgos sean develados.

Extracto tomado de “La Energía en Icea: Una Historia Completa”, por Reignald Dodd

por Elsa Ansel

Cada año, durante uno de sus periodos menos fríos, de los cuales cada vez hay menos, el reino de Blavata se sacude el usual blanco que suele vestirlo, y lo cambia por una desbordante cascada de colores, brillantes y vivos, para, irónicamente, celebrar aquello que está muerto. Lo que es para el resto de los reinos una tradición mórbida e incluso un poco macabra, para los Blavatenses es una celebración a la vida, una forma de festejar los recuerdos de aquellos que han dejado esta tierra, pero que jamás nos dejan del todo.

El festival es sencillo en su ejecución: el reino entero sale a las calles y peregrina hasta la plaza principal, en donde, después de unas palabras del rey y la reina en turno (Josep y Luanda Percival en la actualidad), se realiza el famoso Baile de las Luces, una danza alrededor de una oriolta (la célebre y tétrica flor oficial de Blavata) gigante, que culmina con un espectáculo de fuegos artificiales y luces que iluminan el cielo nocturno, momentáneamente convirtiendo la noche en día.

Lo primero que esta reportera hace al llegar al reino es intentar mezclarse con el resto de los locales y asumir el espíritu festivo, pero no es una tarea sencilla. Como Triquerrense, conozco las costumbres de mis vecinos del norte e incluso soy capaz de apreciarlas, pero, de inmediato, es muy notorio que, para los Blavatenses, esto es más que un festival. No estamos hablando de una fiesta cualquiera, sino de algo mucho más trascendental, una verdadera catarsis grupal que se tiene que vivir para verdaderamente comprender.

Al estar entre ellos, una cosa es clara: Llasante es la celebración Blavatense por excelencia. No hay un negocio o tienda a la vista que esté operando, no hay escuela, ni trabajo ni obligaciones durante esta noche; los muertos poco uso tienen para ellas. Toda alma en Blavata, sea hombre, mujer o infante está enterrado bajo capas enteras de maquillaje y flores, como si quisiesen, al menos por una noche, abandonar su identidad y ser uno más entre el montón. Esto, por supuesto, aplica solo para los comunes: los nobles, no importa cuánto lo intenten, no pueden escapar de sus apellidos, y pocos parecen querer hacerlo.

A la caída de la noche, usando un discreto tocado hecho de rosas rojas que hice aprovechando el rosal de mi propio jardín, y con un sencillo vestido negro, el mismo que uso para todas las fiestas a las que llego a ser invitada, abandoné mi modesta habitación y me dirigí a las calles de Blavata, armada únicamente con una libreta, una pluma y suficiente tinta para toda la noche. De inmediato, me sentí como una extraña y entendí por qué los extranjeros son fáciles de identificar en Llasante. Mi rostro no llevaba una gota de maquillaje, mi vestido era plano y sin ningún adorno, y el tocado sobre mi cabeza bien pudo haber sido el arreglo floral que se encuentra en una boda de mal gusto. A mi alrededor, los Blavatenses me lanzaban miradas desconcertadas. “¿Por qué la sencillez? ¿Acaso no sabe dónde estamos?”. Su desconcierto estaba justificado. Las mujeres que pasaban frente a mí no solo llevaban flores en el cabello, sino en sus vestidos. Algunas, seguramente aquellas con rublos de sobra, llevaban vestidos hechos de flores. Los hombres también las llevaban, en sus sombreros, en sus solapas, en las mangas de sus sacos y en sus corbatas. Incluso los móviles clásicos y las carrozas las llevaban, y de pronto me sentí vestida para un funeral, en lugar de una fiesta.

Pero las flores no se comparaban con el maquillaje en el rostro de los habitantes del reino. Es bien sabido que los maquillistas de Blavata son los mejores, y el reino incluso tiene un estudio en su célebre universidad dedicado al maquillaje, algo que le resulta muy entretenido a sus tres reinos hermanos. Sin embargo, el verlo en persona es algo que resulta asombroso y perturbador. Profundamente perturbador. No eran caras humanas las que pasaban frente a mí, sino esqueletos, blancos y siniestros. Algunos, para agregarle una innecesaria realidad al cuadro, habían incluido sangre en la decoración y más de una vez me encontré deseando no haber ingerido tanta comida durante la cena.

El sonido de un móvil arrancando apartó mi atención del cráneo sangrante que se pavoneaba frente a mí, y la dirigió hacia el extenso Camino Goulag, el más largo de Blavata, que conducía directo hasta la plaza principal y por el cual transitaría la Corte Real, liderada por los reyes, Josep y Luanda Percival. Él, solemne y firme, usando una clásica corona de orioltas y un discreto pero elegante traje gris. Ella, envuelta en azucenas de tantos colores que ni siquiera logré distinguir uno, y con una sonrisa de oreja a oreja que parecía algo distante. Ambos tomados de la mano, saludando a su pueblo y tal vez un poco abrumados, montados en una carroza más decorada que cualquier otra, y tan lenta que probablemente entorpecería el tránsito, pero eso poca importancia tendría, seguramente.

Detrás de ellos, sus dos hijos, el Príncipe Heredero Borrhin y la Princesa Sarrha, imitaban a sus padres y saludaban al pueblo, mucho más torpes que sus progenitores, pero a la vez más sinceros. La Reina Madre, Johanna, saludaba desde su asiento, con toda la delicadeza y elegancia de una mujer de ciento diez. Los Proulter, Jett y Emilia, padre e hija y dos de los nobles más queridos de todo el reino, populares y respetados incluso en Triquerra, ocupaban la carroza más grande de toda la procesión y ambos lucían las sonrisas más sinceras también. Los Godfrey, marido y mujer y tan incómodos como el piquete de un mosco en la palma de la mano, ocupaban el cuarto lugar en la procesión pero bien podían no estar ahí en lo absoluto. Todos parecían ignorarlos, y ellos a su vez parecían desear estar en cualquier otro lugar. Por último, el Vizconde de Mabinogion, Sebastian Kopperkamp, viajaba detrás de ellos, acompañado no de sus padres, sino de la mismísima Marianne de Clarimond, aparentemente de vuelta a la vida social después de más de un año de ausencia, y de otro joven muchacho que lucía la misma sonrisa de entusiasmo que los niños que lo saludaban desde las aceras.

El camino hacia la plaza principal tomó casi una hora; querido lector, no me avergüenza decir que, al principio del viaje, hubo un momento en el que consideré rendirme y volver a la habitación. La gente era demasiada, casi abrumadora, y la ansiedad de saber la cantidad de tiempo que llevaba en ese camino comenzaba a ser molesta. Sin embargo, con cada nuevo paso que daba, debo admitir también que mi sentido de celebración aumentaba. Y es que el ánimo de los Blavatenses, su espíritu e ímpetu eran contagiosos, y muy pronto, sin darme cuenta y sin siquiera quererlo, me encontré cantando con ellos, una canción cuya letra ni siquiera sabía y cuyo ritmo parecía eludirme.

Durante esta eterna procesión, conocí a Clifton Dannet, un anciano que perdió a su esposa de más de treinta años, Adela, en el quinto del año pasado, y que iba decorado con lo que parecían ser cien tulipanes, la flor favorita de su mujer; conocí también a Helewise Stan, una joven de veintidós que perdió a sus padres en un accidente de móvil y que cantaba entre llantos, lamentando no haberles podido presentar al hombre que pronto sería su esposo; y conocí al pequeño Wiscar Faques, un niño de nueve que, acompañado por sus tíos, cantaba en honor a su madre, que murió en el tercero de hacía dos años, a causa de una fuerte y tajante enfermedad.

La tristeza estaba presente, y aunque era fácil ignorarla, si se miraba con detenimiento, podía encontrarse escondida debajo del maquillaje y las flores. Algunos lloraban y otros más sollozaban, pero con todo y eso, no era la tristeza la que dominaba la escena. Todas estas personas a mi alrededor habían perdido a alguien, todos fueron llevados ahí por una extraña mezcla entre dolor y alegría. Y con todo y el dolor, era la alegría la que se sobreponía, porque los Blavatenses así lo querían. Este era un reino que lloraba por extrañar, pero celebraba por recordar. En Blavata, la muerte no era eterna, sino momentánea. En Blavata, sonreían por encima del llanto, porque aún en la tristeza había motivos para celebrar.

Mientras el final del camino llegaba y la oriolta de plata comenzaba a asomarse en el centro de la plaza, simbolizando el final de aquella peregrinación, vino a mi mente el recuerdo de mi padre, un hombre que vivió por sesenta años, siempre con el ceño fruncido y una pipa en la boca, con un exterior recio que ocultaba un interior delicado y frágil. Mi padre se fue una tarde húmeda y calurosa, y pasé tantas noches en llanto, aferrándome a su ausencia y extrañando su presencia. En ese entonces, no podía, o no quería comprender nada más que lo obvio: mi padre se había ido y jamás regresaría. En aquel momento, frente a la enorme flor que me enfrentaba y mientras los Blavatenses se tomaban de las manos y comenzaban a danzar alrededor de ella, la memoria de mi padre parecía más presente que nunca y, por primera vez en mucho tiempo, sonreí al recordarlo, y al hacerlo, no fue con tristeza, sino con melancolía e incluso un dejo de felicidad. Su ausencia me mataba, pero su recuerdo me daba vida.

Tal vez, pensé mientras el cielo se iluminaba con parpadeantes luces rojas y verdes, Llasante es más que maquillaje y flores, más que vestidos y trajes, más que móviles y carrozas. Tal vez la muerte es más que un final. Tal vez, de ahora en adelante, cada vez que piense en mi padre, mis lágrimas vendrán acompañadas con una sonrisa, por muy débil que sea. Y tal vez regrese a este frío reino, a esta extraña fiesta de muerte y vida, ya no por obligación, sino por gusto. Tal vez. Ese fue mi último pensamiento antes de tomar la mano de la mujer a mi lado y unirme al baile en la plaza del reino. No sabía los pasos, pero hice lo mismo que hago en mi vida: me dejé llevar, esperando que no pasara lo peor. Me alegra decir que, igual que en mi vida, el baile fue mejor de lo que esperaba. Mucho mejor.

Artículo tomado de “La Gaceta de Blavata”, Doce del Sexto, Mil Trescientos Post-Ruptura

Valientes, desinteresados, fuertes y determinados, los Anargáutas son las estrellas de Icea, los hombres y mujeres que nos protegen, nos cuidan, nos estimulan y nos impulsan, ayudándonos a alcanzar nuestra mejor posible versión.

Los Anargáutas son aquellos individuos capaces de manipular la energía, propia y ajena, y usarla en asombrosas y distintas aplicaciones: los Energizadores la usan para tratar enfermedades y curar malestares; los Vigorizantes la usan para mejorar la condición física y entrenar a los futuros atletas de Icea; los Potentes la usan para moderar las emociones y estimular la mente, liberándola de las barreras que la limitan; por último, los Agentes la usan para protegernos y, en conjunto con las Fuerzas Especiales, mantienen la paz y la justicia en los cuatro reinos.

Las habilidades Anargáuticas están directamente ligadas a las emociones; un Anargáuta en un estado de relajación y tranquilidad será un Anargáuta en control de su energía. El dominio de las emociones es lo primero que se le enseña a los Anargáutas, y es labor de los Potentes el asegurarse que estas jamás se salgan de control. Los niños Anargáutas deben ser vigilados muy de cerca, pues un berrinche será suficiente para liberar cantidades de energía considerables y causar daños irreparables.

Todos los Anargáutas descubren sus habilidades entre los 8 y los 10 años de edad, sin excepciones y es imperativo que, una vez que identifiquen su naturaleza, se presenten a las oficinas de las Fuerzas Anargáuticas para ser registrados. Al cumplir los 13 años, viajarán a Triquerra para unirse a la Universidad Anargáutica y dar inicio a su educación formal. Al cabo de cuatro años, regresarán a sus reinos de origen, listos para unirse activamente a las Fuerzas Anargáuticas, en donde harán su parte para proteger a su reino.

Ser Anargáuta es sin duda un privilegio, pero también una enorme responsabilidad. Semejantes y maravillosas habilidades deben ser usadas de manera correcta y regulada. El Alto Consejo de Energía mantiene un control exacto de cuántos Anargáutas hay en cada reino, y cuál es su función dentro de los mismos. Es gracias a este control que los Anargáutas han podido prosperar, convirtiéndose en una pieza clave para la vida de los reinos, y es de vital importancia mantenerlo por encima de todas las cosas. No hay, ni habrá en este mundo, nada más peligroso que un Anargáuta descontrolado.

Si crees poseer habilidades, o sabes de alguien que tal vez las tenga, es tu obligación acudir a las Fuerzas Anargáuticas y hacérselos saber.

Libera tu energía. Protege a tu reino.

Comunicado oficial del Alto Consejo de Energía