El mundo de “Game of Thrones” es uno imperdonable y cruel: hombres que matan escudándose en el honor, hombres que mueren por causas que no entienden del todo, padres que odian a sus hijos, hijos que ven morir a sus padres. La rueda gira y gira, aplastando todo lo que tiene debajo, incluso a los que alguna vez estuvieron arriba. En un mundo de grises, en el que no hay ni blanco ni negro, Cersei Lannister, la leona de la Casa Lannister que, al final, rugió más fuerte que todos, solo para descubrir que un rugido no hace al león rey, representaba el más plomizo dentro de la escala. Antes de comenzar esta pieza, es importante notar que la Cersei de los libros es muy distinta a la Cersei de la serie de televisión, y es esta segunda de la que hablaremos hoy.

Magistralmente interpretada por Lena Headey durante ocho años, Cersei comienza la serie como la reina regente de Westeros. Infelizmente casada con Robert Baratheon, el gordo y alcohólico rey al que ni quiere ni respeta, Cersei es la hermana gemela del Matarreyes, Jaime Lannister, con el que comparte una infame relación incestuosa que ha dejado como producto a tres rubios hijos, mismos que ella ha hecho pasar como hijos de Robert, y por los cuales, de ser necesario, quemaría al mundo entero. Cersei es una mujer cuya vida ha sido dominada, casi en su totalidad, por la amargura, y cuyo único consuelo recae en su amor obsesivo por sus hijos, y en la pasión prohibida que comparte con su hermano. Fuera de estas cuatro personas, que son su todo y su principal razón para vivir, Cersei odia al resto del mundo: desprecia a sus súbditos, a los que considera miserables y corrientes; le tiene desconfianza y aversión al resto de las nobles familias de Westeros, pues sabe que todos y cada uno de ellos no tendría reparo en conspirar en su contra y hurtar su poder; teme a su padre, al que también le guarda rencor por los tratos que tiene con ella, y sobre todo, aborrece a su hermano menor, el enano Tyrion, por culparlo de la muerte de su madre, que murió dándolo a luz.

Sobre todo, se podría decir que Cersei tiene un poco de odio hacia ella misma. Mucho se ha dicho acerca del personaje, y la mayoría de los análisis la califican de narcisista: su intenso amor hacia su hermano y sus hijos se debe a que los ve como extensiones de ella, y por ende, parte de si misma. Sin embargo, me atrevo a decir que Cersei en realidad vive con cierto grado de odio por sí misma, pues resiente el rol que, como mujer, debe desempeñar en la sociedad Westerosi, casi tanto como odia el saber que, no importa el tamaño de la corona en su cabeza, ningún hombre la verá jamás como una igual. Durante el ataque de Stannis Baratheon a King’s Landing, en el final de la segunda temporada, Cersei famosamente le dice a Sansa Stark, mientras ambas están encerradas en el Torreón de Maegor junto con el resto de las damas nobles y los niños: “Debí haber nacido hombre. Preferiría enfrentar mil espadas, a estar encerrada con esta manada de gallinas asustadas”. Cersei odia ser mujer por el simple hecho de que la sociedad de Westeros es machista y misógina, y aun siendo la reina, y por ende la mujer con más poder en el reino, su vida sigue sujeta a la voluntad de los hombres que la rodean.

Es aquí donde podemos entender su obsesivo y prohibido amor hacia su hermano gemelo. En algún punto de la serie, Cersei afirma que cuando eran niños, Jaime y ella eran tan parecidos que su propio padre tenía problemas para distinguirlos. Al llegar a su adultez, de alguna manera, al ver a Jaime, Cersei se veía a si misma, y en un momento en el que comenzaba a perder el control de su vida y sus decisiones, el sentirse en control de Jaime era como sentirse en control de si misma, y el poseer el cuerpo de Jaime era poseer su propio cuerpo. Fue ella quien convenció a su hermano de enlistarse en la Guardia del Rey, a sabiendas de que eso significaría renunciar a todo título y oportunidad de casarse, y por lo tanto, engendrar un heredero. No fue solo por celos, ni por un deseo de evitar que Jaime amara a alguna otra mujer que no fuese ella, o al menos no solo por eso; no, detrás de esa acción estaba el deseo de decidir, y el conocimiento de que fue ella quien determinó el futuro de alguien que, si bien no era ella, al menos era lo más cercano que se podía.

Con esta acción, Cersei los condena a ambos, pues Jaime jamás podría llegar a ser lo que ella misma quería ser: el formar parte de la Guardia Real lo convertía en, básicamente y como su padre, Tywin, lo dice alguna vez, un guardaespaldas glorificado, y por ende, un receptáculo incorrecto para sus ambiciones. Cuando niña, Cersei ambiciona el trono, mismo que piensa obtener por medio del matrimonio; cuando crece, sin embargo, se percata de que ser la reina no es lo que esperaba, y si bien tiene poder, es el mismo que ha tenido toda la vida por ser una Lannister, pero jamás será el que tendría de sentarse en el Trono de Hierro. Por lo tanto, Joffrey, su hijo mayor y heredero al trono de Westeros, se convierte en su principal inclinación, aun cuando sabe que es una verdadera bestia, propensa a la crueldad y con capacidad nula para gobernar. Cersei se ve a si misma como la principal aliada de su hijo, no solo por ser su madre, ni por ser una Lannister, sino por ser la que mejor lo conoce y entiende, por ser literalmente una parte de él, y aunque en repetidas ocasiones Joffrey le deja claro que no tiene uso ni para sus consejos, ni para su amor, Cersei permanece a su lado incondicionalmente.

La paranoia siempre había sido un rasgo característico de Cersei. Como alguien que había sido entrenada para ser la futura reina de Westeros desde la infancia, se le había enseñado a desconfiar de todos por costumbre, cosa que solo empeora al llegar su adultez y comenzar a jugar al juego de tronos. Sin embargo, es un episodio de su niñez tardía el que la marca de por vida: la vidente Maggy le augura un futuro ambiguo a Cersei, diciéndole que engendrará a tres hijos, los cuales morirán; al preguntar si llegará a ser reina, Maggy lo confirma: “Sí, serás reina, por un tiempo. Luego llega otra, más joven y más bella, que te hará a un lado y te quitará todo lo que más aprecias”. Cersei guarda este conocimiento en lo más profundo de su ser, dejándolo crecer con los años, envenenándola lentamente. La profecía es la razón de su odio hacia Sansa Stark, la alguna vez prometida de Joffrey, y sobre todo, hacia Margaery Tyrell. La llegada de Margaery a King’s Landing es un punto decisivo en la vida de Cersei; aunque Sansa bien podía representar a la reina más joven y bella que la haría a un lado, Cersei jamás la consideró una verdadera amenaza, sino más bien una molesta inconveniencia. Margaery, por el contrario, era todo lo que Cersei temía, una verdadera enemiga que sabía jugar tan bien como ella, y que representaba la amenaza más latente por el control de Joffrey.

El odio toma control absoluto de Cersei una vez que Joffrey es asesinado durante su boda con Margaery. El perder a su primogénito le da realidad a la profecía; no es que Cersei hubiese dudado de ella, pero el ver a su hijo muerto le hace saber que su caída ha comenzado. A partir de ese momento, Cersei pierde los pocos escrúpulos que le quedaban, en su destructivo afán por proteger a su hijo menor y nuevo heredero al trono, Tommen. Su odio hacia Margaery se intensifica, orillándola a cometer error tras error, desencadenando un torrente de acciones que provocan el ascenso de la Fe Militante dentro de King’s Landing, y que culminan en su arresto, juicio y eventual penitencia. El paseo de la vergüenza de Cersei, en el que es forzada a atravesar la ciudad desnuda es el punto sin retorno para el personaje. La traumática experiencia la hace perder todo sentido de furtividad. Mientras que la Cersei de antes jugaba al juego de tronos desde las sombras, de manera secreta y con discreción, la mujer que sale del paseo de la vergüenza, en sus propias palabras, decide escoger la violencia. Su odio absoluto por la Fe de los Siete y la familia Tyrell la lleva a cometer el que es, sin duda alguna, su acto más terrible: la explosión del Gran Septo de Baelor en el final de la sexta temporada. La muerte de Margaery, que se encontraba en el Septo junto con su padre y hermano, orilla a Tommen al suicidio, y Cersei se encuentra enterrando a su segundo hijo.

La pérdida de su familia, incluyendo a su segunda hija, Myrcella, que muere a manos de las Serpientes de Arena de Dorne en el final de la quinta temporada, hacen de Cersei una mujer insensible al dolor. La muerte de sus hijos, esposo y cuñados la dejan como la legítima heredera al Trono de Hierro, convirtiéndola en la primera reina de la Casa de Lannister, pero la mujer que asciende al trono es una cáscara vacía, no más que un caparazón que esconde a una mujer que ha perdido todo menos el odio que ahora la domina por completo. De alguna manera, Cersei alcanza su objetivo de poder y control absoluto; sin embargo, lo logra a expensas de las muertes de sus hijos y su eventual distanciamiento con Jaime. La ironía de saberse en la posición ideal para proteger a su familia, solo para descubrir que no le queda familia alguna para proteger, no es ignorada por ella, y una vez que Daenerys Targaryen desembarca en Westeros con su armada de hombres y dragones, Cersei está decidida a entregarse a sus instintos más bajos y jugar una última partida en el juego.

Aunque jamás fue una brillante mente política, y más de una vez demostró que sus decisiones eran más impulsadas por el sentimiento que por la razón, Cersei fue un contrincante admirable para todo aquel que la enfrentó. Los Tyrell la subestimaron y eso significó su muerte; Ned Stark confió demasiado en el honor, y eso le costó la cabeza; incluso Tyrion confió en que Cersei entendería que la verdadera amenaza era el ejercito de los muertos, solo para descubrir que su hermana no tenía ojos para algo más que no fuera el Trono de Hierro, el símbolo absoluto de poder y control dentro de un reino carente de ambos. Y es que al final, está claro que Cersei vivió toda su vida con un firme conocimiento, inamovible y absoluto: sería reina por un tiempo y después llegaría otra, más joven y bella, que la haría a un lado y le quitaría todo lo que más apreciaba.

En pocas palabras, Cersei vivió su vida sabiendo que tanto ella como sus hijos morirían, y pasó cada día intentando evitarlo. Con cada nueva acción que cometía, las líneas entre lo bueno y lo malo, lo apropiado y lo inadecuado, lo correcto y lo incorrecto se borraban, dando paso a un estado de ausencia de límites en el que nada estaba fuera de la mesa, nada era muy extremo o muy dañino si significaba evitar el destino. Y es precisamente esto lo que la hace, ante los ojos de la audiencia, una villana. Más allá de sus actos asesinos y su odio desmesurado, Cersei abandona todos sus rasgos empáticos, los cuales se ligaban directamente con sus hijos, y se entrega a sus más bajos deseos, impulsada únicamente por el rencor y la venganza. Mientras otros personajes utilizan sus experiencias como motor de crecimiento, Cersei se niega a avanzar y se planta firmemente en sus convicciones e intereses, negándose la oportunidad de crecimiento y sellando así su destino final. Y aunque el rol de villano principal de la serie bien podría pertenecerle a Daenerys Targaryen, es Cersei quien representó la mayor amenaza para la mayoría de los personajes durante el trascurso de la serie, y es ella quien, al final, dejo una huella imborrable, no solo en la historia de Westeros, sino en las mentes de todos los fanáticos de la serie. Larga vida a la reina.

Netflix

La leyenda Artúrica, aquella que cuenta la historia del gran Rey Arturo y sus Caballeros de la Mesa Redonda, y que se encuentra contenida en una serie de textos escritos en su mayoría durante la Edad Media, conocidos actualmente como la Materia de Bretaña, y que, junto con la Materia de Francia y la de Roma, formaron los tres grandes ciclos en la literatura romántica medieval, ha perdurado hasta nuestros días gracias a lo eterno de su historia. El épico viaje de Arturo, desde su infancia bajo los cuidados del mago Merlín, su toma de la legendaria espada Excalibur de la roca, su ascenso al trono de Camelot y su eventual caída a manos de su hijo, Mordred, han hecho que la leyenda se inmortalice con el paso de los años, despertando pasiones todavía hasta nuestros días.

Numerosas adaptaciones se han hecho acerca de la leyenda, en literatura, cine, teatro, música y televisión, algunas enfocadas en el propio Arturo y otras en el resto de los igualmente inmortales personajes de la leyenda, ya sean Merlín, el mago guía y maestro del rey; Morgana, la poderosa bruja que generalmente toma el rol antagónico en la historia; Lancelot, el más magnífico de los caballeros de la Mesa Redonda, y Ginebra, la esposa del rey, cuyo romance adultero desencadena la eventual ruina de Camelot; o el propio Mordred, hijo bastardo del rey y responsable de su muerte; eso sin mencionar a Galahad, Perceval, Gwaine, Tristan y el resto de los caballeros de la Mesa Redonda, que también han protagonizado sus propios romances. Muchas de estas adaptaciones han sido exitosas; otras, no tanto. Algunas fueron realmente terribles (estoy hablando de ti, “King Arthur: Legend of the Sword”), y otras, tan solo decepcionantes (ahora me refiero a ti, “King Arthur”), pero pocas han tenido tanto carisma, encanto y, en general, éxito como “Merlin”, la serie de BBC que, durante 5 temporadas, reimaginó la historia del Rey Arturo, dándole un giro único y ganador.

Como su título lo sugiere, “Merlin” relata la leyenda Artúrica desde la perspectiva del mago que se convertiría en el aliado más grande del Una Vez y Futuro Rey. Mientras que en la mayoría de las versiones de la leyenda, Merlín es un viejo y sabio mago, el más poderoso de todos, y funge como maestro, guía e incluso padre para el joven Arturo, “Merlin” cambia las reglas y lo convierte en su contemporáneo. Lejos queda la imagen del anciano de largos y blancos cabellos y barbas, y en su lugar es sustituido por un pálido y flacucho joven en sus tempranos veintes, la misma edad que el entonces príncipe Arturo. Perfectamente interpretado por el encantador Colin Morgan, y tomando lecciones de Hugh Grant en sus días de “Cuatro Bodas y un Funeral”, Merlín es torpe, dulce, noble y desinteresado, es decir, es lo que los extranjeros se imaginan cuando piensan en el encanto inglés. Es también, apegándose a la leyenda, el mago más poderoso de Britania y el mayor aliado que Arturo tendrá en su rol como el más grande de los reyes. El Merlín de la serie es una perfecta mezcla de delicadeza humana y sorprendente poder mágico, lo que lógicamente lo hace idóneo para poseer dicho poder. Su historia con Arturo empieza como lo hacen las mejores comedias románticas: una relación de amor y odio que va progresando con cada episodio y que culmina con un fuerte y estrecho lazo entre los dos, más poderoso que cualquier otro en sus vidas.

El Merlín de la serie es un común y, después de salvar la vida del príncipe en el primer capítulo, es convertido en el criado personal de Arturo. El joven príncipe es inmaduro, engreído, ligeramente prepotente, orgulloso y, por supuesto, con un corazón de oro. Los cambios que sufren ambos personajes con respecto a previas adaptaciones más tradicionales pueden ser producto del momento en que la serie se estrenó, un 2008 en el que los chiquillos que crecieron con Harry Potter estaban saliendo de la adolescencia y entrando a la adultez. Un anciano mítico y misterioso no era un protagonista tan irresistible como un joven de veintidós años que seguramente enamoraría a todas las chicas y a más de un chico. Al igual que Arturo y Merlín, el resto de los personajes principales de la leyenda sufrieron una modernización también: Ginebra, la bella y eventualmente adultera esposa del Rey Arturo, se convertiría en una criada al servicio de otra importante figura en la historia, Morgana, la ya perpetua antagonista del mito, que en esta serie comienza siendo una dulce y compasiva joven que comparte más de un momento de tensión romántica tanto con Arturo como con Merlín, para después convertirse en la trágica bruja y sacerdotisa que eventualmente provocaría la ruina de Arturo. Uther, el padre del príncipe y Rey de Camelot durante las primeras tres temporadas, asume un rol antagónico y su postura en contra de la magia da inicio a uno de los puntos focales de la serie.

La magia está prohibida en el Camelot de “Merlin”, lo que hace que el joven mago deba mantener sus poderosos dones ocultos de todos excepto de Gaius, el médico de la corte y su mentor. Morgana, también una bruja de considerable poder, comienza a resentir la crueldad de Uther hacia aquellos que poseen magia, provocando así su caída y transformación en la mayor fuerza de maldad en la serie. La prohibición de la magia le da un toque interesante a la leyenda Artúrica, que generalmente se regocija en ella. Es el Merlín de la leyenda, después de todo, quien provoca el nacimiento de Arturo por medio de magia e intriga, para después ayudarlo, aconsejándolo por medio de sus dones proféticos; Excalibur, la legendaria espada del Rey Arturo, también posee dones mágicos en varias de las versiones de la leyenda; el propio Arturo y su profetizado regreso mesiánico, en el momento más desesperado de Britania, tiene tintes mágicos. El prohibir la magia, entonces, parece negar uno de los aspectos intrínsecos de la leyenda, dándole un giro único a los aspectos morales, religiosos y sociales de la serie. Aquellos que la poseen, al ser acusados de usarla, alegan que “nacieron con ella”, atrayendo así comparaciones con temas actuales como la homosexualidad o las enfermedades mentales. Los parias de “Merlin” se ven forzados a mantener oculto algo que es inherente a ellos; el usarlo significaría morir. Los druídas, poseedores natos de magia, son perseguidos por Uther, que vive, literalmente, en temor de aquello que no comprende, cegado por el odio e intolerante a morir. El paralelismo que se da entre la magia y diversos temas actuales le da a la serie un toque de seriedad que, a simple vista es difícil de percibir.

Merlín y Arturo son el alma de la serie y la evolución de su relación es el motor que da potencia a cada capítulo. Su complicada dinámica, que incluye una intricada mezcla de insultos y halagos, muchas veces el primero como resultado directo del segundo, es fascinante observar, no solo por el tono homoerótico que adquiere especialmente en las últimas temporadas, sino por el significado que la relación tiene para la leyenda: Arturo es el Una Vez y Futuro Rey, el más grande de los monarcas de Bretaña, destinado a llevar a Camelot a la más alta de las cimas, para después caer junto con ella; Merlín, por su parte es el responsable de acompañar a Arturo, ayudarlo y guiarlo en su camino a la grandeza. Es especialmente notorio en la serie que ambos están unidos en más formas de una: Arturo depende por completo de Merlín, en un inicio de la misma forma que un amo depende de un criado, es decir, para vestirse, comer, asearse y mantener un orden general en su vida; conforme los años pasan, comienza a necesitarlo como fuente de aliento e inspiración, llevándolo consigo a todas sus misiones y confiando en que, por encima de todo, el joven sirviente estará ahí para él. Merlín, por su parte, está enteramente devoto a Arturo y más de una vez está dispuesto a dar la vida por él. Nada en su vida, ni siquiera él mismo tiene la importancia que rey tiene; Merlín no tiene muchos inquietudes durante la serie más allá de su responsabilidad hacia Arturo: no tiene novias ni intereses amorosos significativos y su vida personal fuera del castillo es casi inexplorada.

El final de la serie es simplemente devastador. La leyenda Artúrica termina siempre de la misma manera, con Arturo cayendo ante la espada de Mordred y “Merlin” no es la excepción. En la ya infame Batalla de Camlann, Arturo es herido de muerte por Mordred, y aunque Merlín hace todo en su poder para llevarlo a Avalon, el único lugar con el poder para curarlo, el rey sucumbe a sus heridas y muere en brazos de su fiel acompañante. Al ser el Una Vez y Futuro Rey, Arturo habrá de regresar en el momento de mayor necesidad de Britania, y la escena final de la serie presenta a un Merlín inmortal viviendo en la actualidad, aún esperando el regreso de su querido rey. La tragedia de la leyenda nos pega mucho más al entender que el mago ha esperado milenios y esperará muchos más, porque ese es su deber, su principal propósito y su única opción. La agridulce sensación con la que se despide la serie nos deja con un sentido de vacío, al saber que Merlín ha vivido seguramente una vida solitaria, alejado de todos y ocultando su verdadera naturaleza por siempre, pero también nos da esperanza de que en algún momento, el Rey Arturo volverá y, con su fiel compañero a su lado, ascenderá una vez más.

La serie consigue lo que muy pocas y logra este perfecto balance de alegría y dolor, mismo que siempre la caracterizó. “Merlin” siempre sobresalió al combinar comedia simple con temas relevantes, y eso se debe en gran parte al talento y química que su elenco poseía. Si bien los guiones nunca se caracterizaron por su profundidad en diálogo, los actores, especialmente Morgan, eran capaces de elevar el material hasta alturas indiscutibles. Las entrañables actuaciones de los actores fueron la razón principal por la cual la serie se consolidó como una de las más populares en el Reino Unido durante su transmisión original, y aun ahora, casi siete años después de su capítulo final. “Merlin” ha encontrado una nueva vida en Netflix (las cinco temporadas están disponibles en el servicio de streaming) y todavía hoy se pueden encontrar videos en YouTube acerca de la serie, un verdadero testimonio de su calidad e impacto.

“Merlin” funcionó gracias al donaire que siempre mostró, a la modestia con la que se desenvolvió (en parte gracias a su bajo presupuesto) y, sobre todo, al respeto y admiración con la que trató a su material original, sin dejar jamás que su seriedad se sobrepusiera al propósito de fascinar y entretener. Aun en sus momentos más ridículos, aquellos en los que los duendes poseían cuerpos y trolls se hacían pasar por princesas, “Merlin” no perdió el encanto y jamás dejó de lado su verdadero propósito, poniendo la relación de Merlín y Arturo por encima de todo. Cada capítulo, por más irrelevante que pareciera, tenía al menos un momento en que estos dos personajes continuaban construyendo el camino que juntos tenían que recorrer, y el verlos haciéndolo era un verdadero regalo. La serie sufrió de un final apresurado, pero ni eso podría arruinar los 65 capítulos que le antecedieron y que son, en pocas palabras, prácticamente perfectos. Larga vida el Rey Arturo y larga vida a “Merlin”, el Una Vez y Futuro Mago.

Cuando se anunció que los famosos Aristemos tendrían su propia serie, su fanáticos se doblaron de la emoción; el ship que tantos corazones conquistó durante “Mi Marido Tiene Más Familia” continuaría en la televisión y habría Aristemo para rato. Uno de los logros más grandes de estos personajes, más allá de la devoción que despertaron en sus seguidores, fue el lograr un espacio en horario estelar en la que fue, por muchos años, la televisora más tradicional y moralista de México, y que a la fecha sigue transmitiendo programas de calidad cuestionable (te estoy viendo a ti, “La Rosa de Guadalupe”). Pero los Aristemo desafiaron todas las probabilidades y consiguieron un protagónico y, con ello, la oportunidad de continuar el mensaje positivo que comenzaron en su anterior proyecto.

A un día del capítulo final de este breve proyecto, el consenso parece ser uniforme: la serie, si bien dio más Aristemo, no cumplió con las altas expectativas que los seguidores tenían, y aunque es claro que nadie esperó una serie con los Aristemos en cada una de las escenas, tampoco esperaban que parecieran personajes secundarios en el que se supone sería su propio proyecto. Pero ni todo fue completamente malo, ni completamente bueno; abajo, cinco cosas que hicieron genial la serie, y cinco que de plano nada que ver.

Lo Malo

5. El poco desarrollo de Aris

Aris pasó toda su serie o llorando o manejando un coche de Uber. En 26 capítulos, hubo muy poco desarrollo en su vida más allá de las esporádicas escenas en las que parecían recordar sus sueños de ser cantante y su carrera como Youtuber. En su lugar, drama tras drama ocupó la vida de Aris, y mientras su novio vio avances en su vida profesional y sufrió grandes cambios a nivel personal, el pobre Aris no salía de una desgracia para entrar a otra. De los dos protagonistas, Aris fue el que terminó pareciendo más personaje secundario, pues solo gravitaba en las tramas de otros personajes, sin llegar a contribuir significativamente en ninguna. Sus escenas con Temo, que empezaron muy bien y muy constantes, se volvieron cada vez más aisladas, y si bien Temo parecía tener una vida activa en su trabajo y escuela, Aris más bien parecía ir de un trauma a otro. Más de uno hubiera cooperado para hacerle una limpia a este pobre muchacho.

4. El excesivo drama telenovelesco

Los dramas de Televisa siempre son exagerados, algunos hasta rallar en lo ridículo, y este drama casi siempre es inútil, ya que no contribuye nada a la trama a la larga. “Juntos…” no fue la excepción a esta plaga que infecta a todas las telenovelas mexicanas actuales: desde Arqui perdiéndose para ser encontrado un capítulo después, hasta el disparo que sufrieron Aris y Carlota, y que no afectó la historia de ninguna manera significativa, el drama exagerado estuvo solo por estar y quitó mucho tiempo que bien pudo ser dedicado a otras cosas más importantes.

3. La historia de Carlota

El personaje de Carlota fue, desde el inicio, uno de los más extraños. Empezó como amante de Ubaldo por una razón bastante ridícula, a decir verdad. Sus escenas con el político fueron, lógica y adecuadamente, profundamente incómodas y el drama familiar causado por la muerte de su hermano era más interesante cuando Elsa y Olegario lo conducían. Carlota, entonces, parecía ser más un obstáculo para la investigación que una ayuda verdadera. Su romance con Thiago jamás llegó a ser muy convincente, y su amistad con Diego y los Aristemos, por mucho la mejor parte del personaje, fue explorada solo en la superficie y se limitó a las escenas random de pijamadas llenas de Oreos. Y hablando de Oreos…

2. TANTA publicidad

Oreo, Uber, Halls, Trident, Nescafé, Telcel, Claro Video y UVM: todas estas marcas tuvieron más exposición que las Calcomanías durante la serie. Desde conversaciones aparentemente naturales que se convertían en descarados anuncios para las marcas, hasta la cámara desviándose de los personajes para enfocar el logo de las mismas, la publicidad llegaba a arruinar el mood de la serie. Está padre que las marcas consideren a los Aristemos como aliados y líderes para impulsarlas, pero todo con moderación.

1. La muerte de Polita

Polita, la leal y prácticamente heroica mamá de Aris, y una de las aliadas principales de los chicos, era una parte importante de la dinámica de los Aristemos. ¿Cuál fue la razón de matarla? El matar a un personaje principal en una serie normalmente sirve para introducir conflicto en las vidas de los personajes restantes, tal vez enseñarles una lección o retarlos en función a la trama. La muerte de Polita, por el contrario, sirvió solamente para introducir una trama ridícula a más no poder, en la que su fantasma movió cosas de lugar, dejó plátanos en la casa y poseyó el celular de Aris para hablarle a través de la radio. Hubiera sido mejor dejarla como personaje vivo y verla casada con Eduardo, en lugar de matarla y hacerle un funeral muy pobremente atendido, especialmente considerando la enorme familia que se supone tiene en Oaxaca, para después meter una trama sobrenatural que no encajó para nada con el tono de la serie.

Lo Bueno

5. Ubaldo

Si hablamos de villanos de telenovela, podríamos tener alguien mucho peor que Sergio Sendel. Dejando su controversial vida personal aparte, Sendel es un villano por excelencia, y brilla mucho más en proyectos en los que sus villanías no pueden ser tomadas tan en serio. Y es que Sendel, muy consciente del tipo de proyecto en el que está participando, siempre le dio a Ubaldo un tono cómico debajo de la supuesta amenaza que representaba, especialmente en sus escenas con el Pancho de Arath de la Torre, en las que no podía evitar dejar escapar al Vicente Irabien que lleva dormido desde que lo interpretó por última vez en “Una Familia con Suerte”, hace más de siete años. Ubaldo, a diferencia de los Aristemos, se involucró en todas las tramas principales en un momento u otro, y su influencia se extendió a todos los personajes. Sus asesinatos fueron motivo de duda y sospecha durante toda la serie, y aunque el desenlace no podrá evitar ser ligeramente decepcionante, Sendel permaneció entretenido hasta el final.

4. El desarrollo de Temo

De todos los personajes que vienen de “Mi Marido Tiene Más Familia”, Temo es el que más cambios experimentó, pasando de ser un chico sensible y enfocado casi por completo a su relación con Aris, a ser un muchacho mucho más enfocado en su futuro como político y en sus deseos por provocar un cambio. Su experiencia con Ubaldo no solo lo hizo más seguro y decidido, sino que también le dio un panorama más amplio del mundo y lo hizo madurar a nivel profesional y personal. Temo sí creció como personaje durante la serie, y aunque hubiera sido perfecto que Aris hubiera compartido el mismo desarrollo, al menos Temo si terminará la serie mejor de lo que la empezó.

3. Nora

Nuria Bages es una de las mejores actrices de su generación. Es, también, una de las más subestimadas, por lo que verla en un proyecto que realmente la aproveche es un verdadero gusto. Como Nora, Bages conquistó a la audiencia en unos pocos capítulos con una historia de amor que, aunque todavía no completamente confirmada, es más que obvia para todos los que vemos la serie. El tener un romance entre dos mujeres es raro en una serie de televisión, más raro todavía que el tener uno entre dos hombres, y es mucho menos común si se trata de dos mujeres mayores. En manos de otras actrices, Nora pudo ser un personaje aburrido y quejumbroso; sin embargo, Bages la inyecta con tanta humanidad que es imposible no echarle porras y emocionarse cada vez que se reúne con su amada B. Habrá que ver si el desenlace de esta historia es tan bueno como el desarrollo, pero merito a quien lo merece, y Bages es una de las ganadoras indiscutibles de la serie.

2. Matiego

En su breve pero memorable participación en “Mi Marido Tiene Más Familia”, Nikolás Caballero robó cámara y se consolidó como un favorito entre el fandom. Su participación en “Juntos…” ha sido igual de memorable, por sus líneas instantáneamente icónicas y por la relación que parece estar naciendo con Mateo. La química entre los dos actores es muy buena, y sus escenas rápidamente se han vuelto de las más entretenidas. Con tan solo dos capítulos sobrantes y ninguna confirmación oficial de la relación, es un verdadero desperdicio que no hayamos tenido más tiempo con estos dos como pareja, pero los momentos que sí tuvimos valieron la pena. El ambicioso y callado Mateo es perfecto para el inseguro pero extrovertido Diego, y la dinámica que ha nacido entre los dos será uno de los mejores legados que la serie nos deje. #Plangano hasta el fin.

1. Los Aristemos

Aun con todas las oportunidades perdidas y momentos desperdiciados que tuvo la serie, no se puede negar que los Aristemos compartieron más de un momento memorable. Si bien, y discutiblemente ninguno se acerca a los que tuvieron en “Mi Marido Tiene Más Familia” y que hicieron que miles se enamoraran de ellos en primer lugar, “Juntos…” sí nos dio más Aristemo y los mantuvo juntos. Se agradece que no hayan intentado separarlos con algún triangulo amoroso barato o con conflictos innecesarios; en lugar de eso, los Aristemos se ayudaron a superar el bombardeo de dramas que los escritores les lanzaron, y emergieron victoriosos, juntos y sin demasiados rasguños. Y aunque efectivamente la serie se quedó corta en su intento de retratar una vida de pareja, homosexual o de cualquier tipo, en favor de enfocarse en otras tramas, al menos nos dieron una última y básicamente satisfactoria probada de esta innovadora relación antes del inevitable final.

Como cualquier escritor, o cualquier persona en realidad puede acreditar, el miedo al rechazo provoca que dejemos de hacer muchas cosas que nos gustarían, e incluso que ni siquiera las intentemos: tal vez no nos atrevimos a cambiar de look por miedo a lo que dirían de nosotros, tal vez no quisimos tomar clases de canto o de Krav Maga por vergüenza, o tal vez nos da pena cantar en público por temor a las críticas. El miedo al rechazo es, muchas veces, el mismo que nos lleva por el camino de la frustración hasta terminar en un lugar en donde realmente no queremos estar.

Desde que estaba en la escuela estudiando mi licenciatura, las ideas para los que serían mis futuros libros estaban divagando en mi mente, sin rumbo aparente y sin forma todavía. Una vez que me decidí a ponerlas en papel, me di cuenta de que no era una tarea sencilla, pero también me percaté de que jamás había estado tan involucrado en algo como lo estaba en los capítulos que escribía todas las noches y que, una vez delineados, parecían salir como agua de una llave. Durante los tres años que estuve trabajando en un corporativo, mi mente se dedicó a concentrarse más en sueños y visiones de proyectos literarios futuros, que en el trabajo que se suponía tenía que estar haciendo y por el cual me pagaban. En retrospectiva, sería muy sencillo descartar esos tres años y considerarlos tiempo perdido, pues ni me concentraba en sobresalir en el trabajo, ni me enfocaba enteramente en mis libros y en su posible explotación. Sin embargo, creo firmemente que toda experiencia es un paso más en un largo camino, y sin esos tres años, probablemente no estaría en donde ahora estoy.

Fue durante esos tres años que terminé los tres libros que actualmente he escrito, y aunque “El Amanecer del Príncipe” fue el primer libro que, en su versión inicial, terminé hace casi seis años, fueron los dos siguientes, “Upsilon” y “Acero y Hielo”, los que comenzaron mi búsqueda por la elusiva publicación. En este momento es importante dejar claro que mi búsqueda fue corta y, siendo completamente sinceros, superficial. Con esto me refiero a que, si tomamos de referencia aquel dicho, “Leave no stone unturned”, o “No dejes piedra sin voltear”, mi búsqueda se concentró en las piedras más grandes y cercanas y dejó muchas sin voltear. Ambos libros fueron rechazados por las mismas tres editoriales, con el mismo speech que utilizan para los autores desconocidos: “La decisión es inapelable y no se dará ningún tipo de feedback acerca de la negativa”.

El ser rechazado por tres editoriales importantes me llevó a investigar más acerca de lo que buscan en los nuevos libros. Contacté a varios editores en Linkedin; casi todos me aceptaron, pero solo unos cuantos respondieron a los mensajes que les envié. Sin embargo, las pocas respuestas fueron sorprendentemente variadas, desde la que me dio el clásico speech de “Envíame tu trabajo y lo enviaré a valoración”, hasta el que me golpeó con honestidad brutal y básicamente me dijo que las probabilidades de que mis libros fueran aceptados por una editorial de renombre eran muy bajas. En pocas palabras, y aunque no lo parezca, muchos escriben y pocos leen. Muchos menos publican.

Es aquí donde comencé a considerar la opción de la autopublicación. Después de todo, y como me fui enterando conforme investigaba más acerca del tema, es un método que cada vez toma más relevancia y que muchos autores han utilizado con exitosos resultados. Una vez que el libro estuviese en circulación, estaba seguro, comenzaría a encontrar su audiencia. Después de platicarlo con mi familia, que siempre ha sido mi sistema de apoyo más importante, acordamos que este sería el camino que tomaríamos. Investigué todas las opciones posibles, hice cuadros comparativos acerca de los beneficios que me ofrecían versus la inversión, tuve calls con algunas de las agencias para conocerlas más a fondo y asegurarme de que no fuera un fraude y, después de darle vueltas por dos o tres meses, me decidí por “Universo de Letras” para llevar el proceso; hasta ahora, estoy bastante conforme con los resultados. El proceso en total llevó poco menos de un año, aunque pudo haber sido más rápido si hubiese habido un poco más de sentido de urgencia de mi parte. Por fin, en febrero de este año, se me comunicó que todo estaba listo.

Las vueltas de la vida hicieron que este momento se diera justo cuando llegaba a una encrucijada en mi trabajo en el corporativo. Las circunstancias se acomodaron y se me presentó la oportunidad de renunciar, más por obligación que por voluntad, a decir verdad, pero la tomé, y en marzo terminó mi periodo de vida godín. Durante abril y mayo, estuve ajustando los últimos detalles antes de que el libro estuviese listo: creé este blog, un nuevo perfil de Twitter e investigué las distintas agencias que ofrecen promoción literaria en redes sociales, llevándome una grata sorpresa; no son tan pocas como se pensarían, hay muchas opciones y a un precio muy accesible. Sin embargo, no hay ninguna, o al menos no encontré una mexicana, lo cual me decepcionó. Creo que hay una oportunidad ahí. Después de todo lo vivido, a finales de mayo por fin fue subido el libro a Amazon y al resto de las plataformas, lo cual nos lleva al momento que estoy viviendo.

¿En dónde estoy? Me gustaría pensar que estoy al borde de una gran explosión. La campaña en redes oficialmente comenzará en Julio y probablemente se extienda hasta Agosto. Hasta el momento, he juntado tres reseñas de distintos medios, todas positivas, afortunadamente. El feedback que he recibido por parte de amigos y familia a la novela ha sido también muy entusiasta, entonces mi confianza ha alcanzado un all time high. En pocas palabras, tengo entera confianza que, con el alcance que tendrá la campaña en los próximos meses, el libro comenzará su despunte en el competido mundo literario. ¿Mi esperanza? Que termine este 2019 con una verdadera historia de éxito: al menos veinte mil copias vendidas en todos sus formatos, y con una audiencia cautiva en espera de la siguiente entrega. Sé que se puede lograr. Tengo entera confianza en la historia que escribí y en el mundo que continúo desarrollando en este blog. Creo que tiene un potencial tremendo y es mi tarea darlo a conocer a tantas personas como me sea posible.

El camino ha sido lento, pero seguro. Y con esto, lo único que me queda es despedirme y continuar con mi trabajo actual: desarrollar contenido para algo en lo que realmente creo y que sin duda me apasiona. Y por esto me siento muy afortunado y puedo decir, sin miedo a equivocarme, que amo lo que hago. Creo que, solo con poder decir esa frase, ya he conseguido una gran victoria.

Si la vida es corta y hablas rápido, puede que los días se hagan más cortos. El hablar sin realmente pensar lo que se va a decir puede ser una verdadera maldición, pero de alguna manera, Lorelai Gilmore lo hacía lucir como una bendición. Una bendición maldita, tal vez, pero una bendición a final de cuentas.

Lorelai Victoria Gilmore, para todos los no iniciados, es la protagonista de “Gilmore Girls”, la peculiar y ya clásica serie empapada en referencias de cultura pop y escarcha, que terminó hace doce años y que vivió un breve renacer vía Netflix hace tres. Las Gilmore, madre e hija, más amigas y más cercanas que cualquier relación de madre e hija que se pueda encontrar en la vida real, sobrevivían a base de café, hamburguesas y noches de películas que iban de lo verdaderamente clásico (Godfather I, II y III con extra de la muerte de Sofia), hasta lo clásicamente patético (Riding the Bus with my Sister).

La serie jamás fue un hit en los ratings, pero se volvió inmortal gracias a sus coloridos personajes: fuera la rareza de Kirk, la intensidad de Paris, la desesperación de Michel o la exageración de Emily, el mundo creado por Amy Sherman-Palladino tenía suficiente carisma y encanto para fijarse en nuestra mente y quedarse ahí, aún mucho después de dejarlo de visitar semanalmente.

En el centro de este mundo, Lorelai Gilmore reina suprema, un torbellino de cafeína y equipaje emocional que la mayoría del tiempo es demasiado para cualquier persona que no la conozca. Lorelai es un gusto adquirido, sin duda, pero uno que resulta adictivo. Embarazada a los 16 años, Lorelai huyó de casa de sus padres para criar a su hija, Rory, fuera de lo que consideraba un mundo cerrado, asfixiante y controlador, fracturando la relación con sus padres por varios años.

En la superficie, sería muy sencillo juzgar a Lorelai. Después de todo, hay mucho que juzgar: es ruidosa, a veces maleducada, inapropiada, indiscreta, orgullosa, posiblemente ingrata y voluble. Jamás piensa antes de hablar, jamás considera las consecuencias antes de actuar. Lorelai es toda emoción, muy poca razón y ese es parte de su encanto, y aunque sus palabras pocas veces tienen intención deliberada de lastimar, muchas veces provocan problemas, o al menos situaciones incómodas e innecesarias. Pero lo más interesante, complejo y ocasionalmente triste acerca de Lorelai es su incapacidad de dejar el pasado atrás, y como esto la llevó a convertirse en aquello que pretendió dejar atrás cuando escapó de su casa.

Lorelai es más parecida a su mamá de lo que ella misma admite. Ambas son necias, ambas son orgullosas, ambas son inamovibles en sus decisiones. Ambas desaprueban las decisiones de la otra, y creen saber lo que es mejor aun cuando hay mucha evidencia de lo contrario. Ambas son incapaces de entenderse la una a la otra, no porque no puedan, sino porque no quieren y aunque no sabemos mucho del pasado de Emily, el de Lorelai es un libro abierto y es la razón por la cual llena sus conversaciones con referencias a películas, canciones, series y comida.

Este es el momento de preguntarse: ¿Lorelai es como es gracias a o a pesar de su pasado? ¿Esta graciosa y desesperante mujer encontraría la seriedad tan aberrante, y por ende intentaría relajar todo momento con bromas e indirectas, si no fuera por el ambiente tan estricto y firme en el que creció? ¿Emily realmente fue tan mala para ella, o fue en realidad un motor, un chispazo que encendió aquello que ya estaba dentro de ella y que solo necesitaba un poco de calor? La ironía de saber que su madre tiene mucho, si no es que todo que ver con su forma de ser sería suficiente para hacer que Lorelai considerara un cambio de personalidad, y seguramente la llevaría a recrear escenas de “Marnie”.

Los Gilmore son autoritarios, necios y exagerados, ocurrentes y cómicos, complejos más allá de cualquier comprensión superficial y eso es lo que los hizo excepcionales. Y Lorelai, con todo y su montaña de defectos, es uno de los mejores personajes en la historia de la televisión moderna, una madre que ponía la relación con su hija por encima de todo y todos, una mujer que cometió tantos o más errores de los que el espectador podía entender o incluso tolerar, y que sin embargo siempre se ganaba un lugar de vuelta en nuestros corazones.

Con el tiempo, Lorelai encontró paz con sus padres, y ellos a su vez la encontraron con ella: se enorgullecieron de su posada, aceptaron a Luke y encontraron un punto intermedio en el que todos podían convivir, bromear e incluso apreciarse en realidad. Pero Lorelai jamás dejó ir su pasado, jamás olvidó. ¿Hizo bien? La comunidad probablemente diría que no, que si no dejas ir tu pasado, no puedes avanzar. ¿Pero si Lorelai hubiera olvidado, hubiera seguido siendo Lorelai? El jurado aun no decide.

¡Amigos, con mucho gusto les platico que mi novela, “El Amanecer del Príncipe”, ya está a la venta! Pueden encontrarla, en su versión e-book, en varias tiendas online, como Amazon y Casa del Libro (en este blog, en la pestaña “Encuentra mis Novelas”, he puesto varios links para su compra).

Si quisieran la versión física, pueden ponerse en contacto conmigo, por este medio o a través de mis redes sociales, y se los puedo hacer llegar, ¡con todo y dedicatoria!

Esta novela es un producto de mucha pasión, esfuerzo y tiempo (¡me tomó un año escribirla y otro publicarla!), pero por fin está aquí y me da mucha emoción compartirla con ustedes.

“El Amencer del Príncipe” es una novela de fantasía, acción y romance, y espero que le den una oportunidad y disfruten la experiencia y, si les gustó el mundo de Sebastian y los Anargáutas, los invito a seguir este blog para seguir conociendo más de su historia y sus personajes.

¡Un fuerte abrazo lleno de energía para todos!

Hola a todos, bienvenidos a mi blog.

En esta primera entrada, lo único que puedo decirles es que crear un blog es más difícil de lo que parece. ¿Alguna vez les ha pasado que ven algo en algún tutorial, o tal vez un video, y parece lo más sencillo del mundo, y cuando por fin te animas a hacerlo, la facilidad parece simplemente no darse? Bueno, eso casi siempre me pasa a mí, desde mis habilidades en el Smash Ultimate, hasta la creación de este nuevo espacio.

Sin embargo, y después de varias horas de trabajo, el blog está activo y en camino. También está vacío y un poco pobre en cuanto a contenidos, pero para ser el primer día, creo que vamos por buen camino.

Actualmente tengo abiertas varias ventanas en mi browser, todas ellas con títulos parecidos a, “¿Cómo generar contenidos interesantes para tu blog?”, pues una cosa es haber creado el espacio, decidido el look&feel, haber hecho el logo, elegido el nombre y echarlo todo a andar, y otra muy distinta es llenar el espacio en blanco.

Un buen pintor ve un nuevo mundo en cada lienzo, y un buen escritor ve lo mismo en cada nueva página…así que comencemos a llenar este mundo con nueva vida.