El Convite pasado

“El Convite pasado te entregué mi corazón, y para el Convite siguiente, ya lo habías partido en dos. Este Convite, andaré incompleta por ahí, buscando aquella parte que robaste de mí”.

La canción es popular y es conocida en los cuatro reinos. Nadie sabe quién la escribió, nadie sabe quién la cantó por vez primera, lo que sí se sabe es la historia que la inspiró. El Convite es una celebración tradicional Blavatense, una serie de fiestas que duran dos semanas durante el doceavo mes, el más frío de todos, cuando la nieve es tan densa que alcanza la altura de la rodilla. La ocasión perfecta para reunir familia y amigos bajo un mismo techo, el convite tiene dos noches de celebración principales, el ocho y el dieciséis; en la primera, se celebra la despedida del año, y se agradece por todo lo recibido; la segunda es la bienvenida del año próximo, “La Noche de las Promesas”, le llaman, cuando los Blavatenses escriben sus deseos y compromisos para el año venidero y lo liberan al cielo dentro de una esfera de energía. En Blavata, el Convite es una de las fiestas más importantes, que empieza a sentirse y celebrarse desde el primer día del doceavo mes, o incluso desde antes.

Fue durante una de estas fiestas, en algún año mucho tiempo atrás, cuando una joven mujer Blavatense conoció el amor. El nombre de la chica se ha perdido con el tiempo, igual que todo rastro de ella. Algunos dicen que era una humilde sirvienta en el castillo de algún noble, y otros dicen que ella era la dueña del castillo; algunos dicen que era una joven apenas saliendo de la adolescencia, y otros afirman que era una mujer al borde de la madurez. Lo que es cierto, y que permanece intacto, no importa qué versión de la historia sea la que se esté escuchando, es que la joven, un buen día decidió aventurarse al monte, buscando algo de variedad para su vida. Una feroz tormenta se desató y la joven quedó atrapada entre una furia de agua, viento y niebla. Cuando comenzaba a entrar en desesperación, una gallarda silueta salió de entre las sombras y, subiéndola a su caballo, la rescató de aquella tortura. Feroz, galopó de vuelta al reino para llevarla a un Energizador de inmediato.

El joven, un soldado del ejercito Blavatense, quedó prendado de la belleza de la chica y, en pocos días, ya le había declarado su amor perpetuo. La joven le creyó y ambos vivieron un fugaz e intenso romance, como aquellos que solo existen en las historias. Sin embargo, el tiempo es cruel y la vida aun más, y el amor de los jóvenes no estaba destinado a durar. Al llegar el doceavo mes, y con él la fuerte ventisca, también lo hizo la desgracia. Al joven, una funesta mañana, le llegó una misteriosa carta que solo él leyó. Lo que decía la carta, nadie lo sabe, pero lo cierto es que esa misma noche, el joven partió bajo el manto de la oscuridad, sin despedirse de su amor ni dejar rastro alguno detrás. A la mañana siguiente, la del día ocho, la primera noche del Convite, la joven se despertó para toparse con la ausencia de su amor. Desesperada, intentó buscarlo por todo Blavata, pero no encontró más que rumores de aldeanos a las afueras del reino, que afirmaban haber visto a un gallardo caballero cabalgando rumbo al Mar del Fondo.

La carta y sus contenidos han sido sujeto de debate durante muchos años. Hay quienes dicen que el joven fue convocado a las líneas de batalla y, sabiendo que ciertamente moriría en la guerra, prefirió no despedirse de su gran amor, esperando ahorrarle una gran pena; hay otros, los cínicos y negativos, quienes afirman que el joven estaba comprometido en Triquerra con una noble de gran poder, y que simplemente se marchó a cumplir su promesa de matrimonio, dejando atrás a su amorío Blavatense. Otros, sin embargo, afirman que la carta escondía algo mucho más sospechoso, un misterio perdido en el tiempo, y el joven, convencido de que la diligencia no le tomaría mucho tiempo, no se despidió de la muchacha, pues estaba seguro de que la volvería a ver.

Lo cierto es que ella, destrozada y con el corazón roto, vivió el resto de su vida en una cruel e implacable melancolía. Alegre por momentos, recordando los instantes de breve pero intenso amor que vivió con su soldado, y triste en muchos otros, en los que el dolor de su ausencia la desgarraba por dentro, la joven se inmortalizó por sus acciones durante una de las noches del Convite Blavatense. Mientras todos reían y disfrutaban, acompañados de sus familiares, amores y amigos, la joven caminó al centro de la plaza del reino y abrió la boca. De ella salió la voz más agridulce, la perfecta mezcla entre amor y decepción, entre agonía y éxtasis; la voz de la nostalgia hecha mujer. Y su canto unió a todos los Blavatenses, y la joven rió y lloró, pero cantó y no paró de cantar por el resto de la noche.

Su canción se grabó en las mentes de los hombres y su historia se volvió leyenda, un relato de amor y dolor que se cuenta de boca en boca entre Blavatenses enamorados durante cada noche de cada Convite. Todavía hasta la actualidad, no es raro escuchar, durante la noche del dieciséis, al reino entero uniendo sus voces para entonar aquella canción que alguna vez cantó una chica enamorada:

“El Convite pasado te entregué mi corazón, y para el Convite siguiente, ya lo habías partido en dos. Este Convite, andaré incompleta por ahí, buscando aquella parte que robaste de mí”.

Canto tradicional Blavatense