La vida en Holbein, el Reino del Eterno Verano

Holbein es el reino más pequeño de todos, y también el que menos habitantes tiene. Situado entre el Mar del Añil y el Mar Durmiente, Holbein tiene más bosques, ríos, montañas y selvas que Blavata y Havlón juntos. Desde cualquier punto en el reino se puede ver algo de verde, sean las copas de los Sacnites, los altos y torcidos árboles oriundos de Holbein que prácticamente lo delimitan, o las numerosas y pequeñas Ichtacas, las peculiares y olorosas hojas esmeralda que caen de los Sacnites y que, llevadas por el viento, atraviesan el reino, llenándolo de aquel inconfundible perfume que le da su identidad al llamado “Reino del Eterno Verano”.

Y en verdad es caluroso. Las temperaturas en Holbein llegan a ser tan altas, que no son pocos los forasteros, especialmente Blavatenses, que sucumben ante el calor, desmayándose en las empedradas aceras ardientes. Pero para los Holbenanos, el calor es un aliado. Acostumbrados desde su nacimiento a resistir tales condiciones, han aprendido a disfrutar y aprovechar los beneficios del sol, que no solo se aplican a usos prácticos y mecánicos, sino también Anargáuticos. Los Anargáutas Holbenanos son más fuertes bajo altas temperaturas, como si el calor les diera más energía y, en los últimos años, los eruditos Blavatenses han comenzado a investigar la posible explotación de esta energía solar.

Holbein es visto, principalmente, como un reino de descanso. Los nobles más acaudalados y poderosos de los otros tres reinos, tienen palacios de descanso en él, incluyendo todas las familias reales, y cada verano, Holbein se llena de elegancia y opulencia. Cual si fuese una corte gigantesca y multifacética, la nobleza de Icea se reúne bajo un mismo reino y celebra su fortuna, rodeados de flores de todos los colores, olores y, en algunos casos, sabores posibles. Quémac es el nombre de la aldea en donde los nobles tienen sus palacios de descanso, y está situada a las orillas de Lago Ollin, escondida detrás de las altas Montañas de Jade y rodeada de una misteriosa y pacífica niebla, que alcanza a cubrir hasta la torre más alta de los ostentosos palacios.

Ningún otro reino tiene la riqueza floral de Holbein, y cada verano se celebra la Zaniyah, el festival de las flores, en el que las más de cien distintas especies florales y oriundas de Holbein son celebradas en todas las formas posibles. El río principal del reino, el Tecuih, se llena de las llamadas Trajas, aquellos botes alargados y coloridos que, cubiertos con flores por completo, navegan por el río, rodeando el reino en su totalidad en un viaje que dura casi diez días, iniciando en la pequeña aldea de Vila, en el extremo norte de Holbein, y terminando en el poblado de Azur, en el extremo sur.

Se dice que todos los habitantes de Holbein participan en la Zaniyah, y es perfectamente posible. En el último censo del Dos Mil Trescientos Post Ruptura, el conteo de habitantes del Reino del Eterno Verano era de no más de diez mil. Los Holbenanos son generalmente muy tranquilos; se dedican a la agricultura, ganadería y pescadería. Cada hogar en Holbein tiene al menos una parcela de tierra, dedicada a la siembra de alguna flor o fruto en particular. La economía del reino depende primordialmente de la exportación, y los condimentos y especias Holbenanas son especialmente demandadas por las cortes de sus reinos hermanos. Los peces de Holbein, especialmente el róbalo, la trucha y el salmón, también representan gran parte de la exportación.

La música es muy importante en Holbein. Se dice que este reino fue la cuna de la música moderna, y recientemente, ha sido el centro del movimiento ecléctico, que combina las músicas tradicionales de los cuatro reinos para formar nuevos ritmos y melodías, atrayendo consigo a numerosos bohemios interesados principalmente en la pintura y la escritura. En años recientes, Holbein se ha convertido en un punto de congregación para jóvenes recién salidos de la Universidad de Blavata, que han hecho de Tetzi, el pueblo amaderado justo al norte del centro del reino, su punto de reunión. Tetzi ha visto el nacimiento de algunos de los músicos y pintores más importantes de la actualidad, y se ha convertido en el eje no oficial de las artes.

Holbein es, por supuesto, famoso también por el Bosque de los Maderos Rojos, el único lugar en toda Icea en donde crece la Chicahua, la planta rosada que es pieza clave en la elaboración de los tónicos curativos que los Energizadores usan en sus tratamientos. El Bosque es también conocido por la ciudad que existe en sus profundidades, Izel, la infame comunidad compuesta únicamente por mujeres que, la mayor parte del tiempo, están desnudas de la cintura para arriba, usando únicamente faldas de tonos chillones y listones multicolores en el pelo. Malina Tzinze, la líder de estas mujeres, ha comenzado a salir cada vez más de la ciudad, lo que ha despertado la curiosidad acerca de ella y sus seguidoras. Con todo y eso, las Tzinzinas, como estas mujeres se identifican a sí mismas, son desconfiadas y no aceptan a muchas forasteras entre sus filas.

A diferencia de sus reinos hermanos, Holbein jamás sufre la caída de nieve. Sus temperaturas más bajas las alcanza en los novenos y decimos meses, cuando el continente entero se sumerge bajo una extensa nube gris. Las densas y continuas lluvias previenen que sus habitantes salgan de sus casas, a veces por días enteros, por lo que todos los hogares del reino, desde las sencillas moradas en las aldeas, hasta los altos palacios en la capital. están equipadas con techos resistentes, cubiertos de la resina especial que sale de los árboles en el Bosque de Maderos Rojos. Una vez que el onceavo mes comienza, las nubes desaparecen, tan rápido como llegan, y las tierras de Holbein están fértiles y renacidas, listas para una nueva cosecha.

Extracto tomado de “La Vida en Icea”, por Hal Ensor