El Monte de Gawn

En el corazón de Havlón, justo en el centro del reino, como si tratase del núcleo que le da potencia, se yergue el Monte de Gawn, el pico más alto de toda Icea. Sumergido en nieve perpetua que jamás se derrite y que parece salir de la tierra en lugar de caer de los cielos, el monte es hogar de fabulosos animales, dóciles pero ágiles, y tan misteriosos que algunos permanecen sin avistamiento alguno, y exóticas plantas con sorprendentes dotes curativas. Pero el monte es traicionero y tiene voluntad propia, y no son pocos los que se han aventurado a pisarlo, para no ser vistos otra vez. Gawn los reclama y ellos obedecen.

El monte divide Havlón en dos partes; la izquierda, la parte oeste y moderna del reino, vecina directa de Triquerra y, por lo tanto, influenciada considerablemente por ella; y la derecha, la parte este y clásica del reino, con fuertes lazos hacia Holbein, su vecino del otro lado del Mar Durmiente. El monte puede mirarse desde cualquier punto de Havlón, e incluso desde algunas partes de Triquerra y Holbein. Tan grande y extenso es, que se dice que la población entera de Havlón podría vivir en él sin problema alguno. Pero las arduas condiciones de vida en el monte no son las adecuadas para los Havlonenses, enemigos jurados de la nieve y la frialdad.

Aun así, el monte comanda respeto por parte de los habitantes de Havlón, más por las leyendas que lo rodean, que por cualquier realidad que se sepa de él. Son muchas las voces que afirman que el monte es un portal que conecta no solo a Havlón, sino a Icea con otros mundos, y son muchos los que se han adentrado en las profundidades del monte para intentar descubrirlo. Tobias Scout, uno de los pocos que se aventuró a explorar el monte y que logró salir ileso, habló de una compleja ciudad construida en las profundidades del monte, que cuenta con estructuras de dioses antiguos, que preceden incluso a Kelkhán, puentes colgantes suspendidos en los aires, e incluso palacios en ruinas con secretos aun por descubrir. Tobias murió poco después de salir del monte, y con él se llevó los secretos que descubrió y que permanecen, desde entonces, rodeados en misterio.

El infame animólogo Jasus Orrett, en su libro “Bestiario de la Icea clásica”, habló del monte como el hogar de la quimera, la legendaria y peligrosa bestia con cabeza de coyote, cuerpo de serpiente y alas de murciélago, alegando que la última colonia de aproximadamente veinte ejemplares, se encontraba en las partes más altas, en donde la espesa capa de nieve les otorgaba el escondite ideal. Los fanáticos de las conspiraciones alegan también que el monte es el hogar del último dragón de hielo, Carolia, y que la perpetua nieve que lo cubre, proviene de la bestia durmiente. Los repentinos temblores que se sienten de vez en vez en el monte, y que no se perciben en ningún otro rincón de Havlón, añaden fuego a la hoguera de la teoría, pues se dice que son los ronquidos de la inmensa Carolia, que aguarda pacientemente el momento en que podrá surcar los cielos otra vez.

Por encima de las leyendas y dichos que rodean al monte, lo cierto es que es un lugar distinto al resto de Icea. La energía que abunda en el monte es considerable, tanto que una de las pruebas más difíciles que un Anargáuta tiene que pasar antes de graduarse de la Universidad Anargáutica, es pasar una semana entera en las faldas del monte, entrenando y llenándose de la energía que el lugar desprende. Los agentes afirman a sus regresos, que el lugar tiene vida propia, y no se trata de un monte cualquiera, sino de una enorme bestia cuya energía es tanta, que la libera inconscientemente. Los agentes hablan de voces que se escuchan en las noches y que susurran nombres de personas y lugares, como si fuesen secretos que el monte revela a quienes los quiera escuchar. El falso profeta Wallis Oxer afirmó en su libro “Voces en el Monte”, que los susurros son profecías del futuro de Icea, y que si se estudian con detenimiento, se podrá saber el día exacto en que nuestro mundo terminará.

Cualquiera que sea la verdad, el Monte de Gawn ha estado de pie en Havlón desde el inicio de los tiempos, y seguirá ahí mucho después de nuestro final, imponente y firme y blanco. Sea una bestia dormida, un portal a otros mundos o la cuna de la energía en nuestro mundo, el monte es un regalo para Icea, y como tal debemos tratarlo, con el respeto y admiración que merece. Sobre todo, debemos aprender de él y escuchar aquello que nos tenga que decir. Las voces del pasado nos hablan del monte como una fuente inagotable de energía, y sus profundidades alojan los secretos de una ciudad perdida. El monte es conocimiento que espera a ser descubierto. Sobre todo y más allá de nuestra curiosidad, nuestra preocupación debe ser siempre la preservación de esta maravilla. Los reinos vienen y van, los dioses suben y caen, pero el monte permanece. El Monte siempre permanece.

Fragmento tomado de “La Guía a Havlón: el Reino de la Realeza”, por Simona Robbers