Bloqueo de escritor: el gran enemigo a vencer

Morir es sencillo, escribir no lo es. El acto de sentarse y escribir algo que pueda considerarse “bueno” es, la mayor parte del tiempo, una verdadera tarea que muchas veces se hace más complicada de lo que nos gustaría. Aunado a que nosotros no podemos tener la absoluta certeza de que lo que estamos escribiendo califique como “bueno”, el proceso de escritura puede llegar a ser largo y muchas veces frustrante, uno que requiere múltiples revisiones antes de llegar a un resultado final. Como escritores, sabemos que, durante este proceso creativo, en medio del nacimiento y la finalización del libro o escrito, hay dos grandes enemigos a vencer: el primero es la procrastinación, y el segundo, el infame y temido bloqueo de escritor.

Ambos enemigos, se podría decir, van de la mano. La procrastinación toma la forma de un cómodo sofá y una buena película de Netflix, o tal vez una taza de café en un concurrido restaurante; la seducción del “mañana” se apodera de la urgencia del “hoy” para crear el ambiguo tiempo del “luego”, aquel en el que viven nuestros sueños de infancia y planes más ambiciosos, mismo que se hace cada vez más fácil de usar después de usarlo por primera vez. Sin embargo, para el escritor que está en medio de aquella elusiva y codiciada racha de creatividad, el luego le resultará tan poco atractivo como una bufanda en medio de la playa, y la procrastinación no le representará problema alguno, al contrario, parecerá que no hay suficiente tiempo para escribir lo que se tiene en la mente. El primer enemigo es uno al que es fácil caer, pero en las circunstancias adecuadas, uno que es también sumamente fácil de vencer.

El segundo enemigo es uno mucho más intimidante, uno que es fácil de confundir con otras cosas, uno que adopta otros nombres, incluso formas para mantener su influencia sobre el escritor. Y es que el bloqueo de escritor puede ser un mal tan tóxico para un escritor, como una laringitis para un cantante. Mucho se ha dicho acerca de esta condición: son muchos los que lo desacreditan como un verdadero mal para el escritor común, alegando que no existe tal cosa, y se trata simplemente de un grupo de diversos factores que se combinan para evitar el avance de determinada historia, ya sea al inicio o a la mitad. Otros, en cambio, postulan que el bloqueo de escritor no es solo una mentalidad, sino una condición neurológica, alegando que la creatividad literaria es una función de áreas específicas del cerebro, y el bloqueo de escritor es causado por una disrupción en la actividad de estas áreas.

Sea cual sea la verdad, el bloqueo de escritor ha estado bien documentado a lo largo de la historia literaria, con autores como Fitzgerald y Joseph Mitchell siendo algunas de las víctimas más conocidas. Las causas no han sido del todo explicadas, probablemente porque no se le ha dado suficiente investigación al tema, pero algunas han sido propuestas: distracciones ajenas al proceso, como problemas en la vida personal del escritor, o incluso su estado anímico pueden ser factores muy influyentes. Son varios los autores que, incapaces de trabajar bajo la presión de un deadline o al intentar aventurarse a un género distinto al que conocen, se topan con una pared que les impide avanzar. Otros son víctimas de su propio éxito, y el temor de ser incapaces de igualarlo en su siguiente trabajo los hace perder el ánimo de continuar. La falta de aliento por parte de otros puede significar también la perdida de confianza en el escritor, misma que puede conducir a un bloqueo en sus ideas, o a la duda, que es un veneno certero capaz de detener el proceso creativo por completo.

Desafortunadamente, no hay una cura para el bloqueo de escritor, porque es un mal cambiante, mutante casi, que toma distintas formas dependiendo del escritor. El bloqueo puede atacar en más de una manera, y un escritor, incluso, puede ni siquiera percatarse de estar sufriéndolo, al menos no de entrada. Creo que lo importante aquí es no rendirse, aun cuando estemos frente a la pared que nos impide avanzar. Personalmente, no puedo decir que haya sufrido de bloqueo de escritor alguna vez; el mal contra el que lucho día a día es la procrastinación, y es uno que me resulta muy seductor, siempre ha sido así. El “luego” es mi tiempo favorito. Sin embargo, creo que como escritores sabemos que estamos en constante riesgo de perder aquella chispa que comúnmente conocemos como “inspiración”, y es precisamente ese temor el que nos hace perseverar y prosperar con nuestra escritura. El miedo se debe dominar, pero nunca perder. El hacerlo significaría perder nuestro sentido de urgencia, y eso solo puede conducir a un eventual estado de conformismo, el más difícil de superar.

Es cierto que el escritor no aprende a escribir, sino aprende escribiendo. La teoría puede darnos un punto de entrada, pero los escritores encontramos nuestra voz y nuestro estilo una vez que las primeras frases ya han sido plasmadas en letra y papel. Es por eso que mi consejo para todos aquellos que batallan contra el bloqueo de escritor es el siguiente: escribe. No importa que no tengas una idea original, escribe. Tal vez sea un resumen de tu libro favorito, o incluso una adaptación de alguna película que te haya gustado; tal vez sea una idea que ya hayas escrito antes, pero que quieras explorar otra vez. Las ideas originales son lo que nos distinguen del resto de los escritores, eso es cierto y definitivo, pero nuestra voz puede ser utilizada de muchas otras formas. A un escritor no necesita ocurrírsele la próxima novela americana cada vez que se siente frente a la computadora a escribir. El bloqueo de escritor es un miedo, una frustración de no tener nada nuevo que escribir, y solo se puede vencer si se encuentra la pasión por la escritura otra vez. Escribe y sigue escribiendo, no porque tengas que, sino porque quieres, y seguramente aquella elusiva chispa de creatividad te encontrará de nuevo. Tal vez nunca te dejó. Hasta ella necesita un descanso de vez en cuando.