“Merlin”: Cómo reinventar un clásico y hacerlo bien

Netflix

La leyenda Artúrica, aquella que cuenta la historia del gran Rey Arturo y sus Caballeros de la Mesa Redonda, y que se encuentra contenida en una serie de textos escritos en su mayoría durante la Edad Media, conocidos actualmente como la Materia de Bretaña, y que, junto con la Materia de Francia y la de Roma, formaron los tres grandes ciclos en la literatura romántica medieval, ha perdurado hasta nuestros días gracias a lo eterno de su historia. El épico viaje de Arturo, desde su infancia bajo los cuidados del mago Merlín, su toma de la legendaria espada Excalibur de la roca, su ascenso al trono de Camelot y su eventual caída a manos de su hijo, Mordred, han hecho que la leyenda se inmortalice con el paso de los años, despertando pasiones todavía hasta nuestros días.

Numerosas adaptaciones se han hecho acerca de la leyenda, en literatura, cine, teatro, música y televisión, algunas enfocadas en el propio Arturo y otras en el resto de los igualmente inmortales personajes de la leyenda, ya sean Merlín, el mago guía y maestro del rey; Morgana, la poderosa bruja que generalmente toma el rol antagónico en la historia; Lancelot, el más magnífico de los caballeros de la Mesa Redonda, y Ginebra, la esposa del rey, cuyo romance adultero desencadena la eventual ruina de Camelot; o el propio Mordred, hijo bastardo del rey y responsable de su muerte; eso sin mencionar a Galahad, Perceval, Gwaine, Tristan y el resto de los caballeros de la Mesa Redonda, que también han protagonizado sus propios romances. Muchas de estas adaptaciones han sido exitosas; otras, no tanto. Algunas fueron realmente terribles (estoy hablando de ti, “King Arthur: Legend of the Sword”), y otras, tan solo decepcionantes (ahora me refiero a ti, “King Arthur”), pero pocas han tenido tanto carisma, encanto y, en general, éxito como “Merlin”, la serie de BBC que, durante 5 temporadas, reimaginó la historia del Rey Arturo, dándole un giro único y ganador.

Como su título lo sugiere, “Merlin” relata la leyenda Artúrica desde la perspectiva del mago que se convertiría en el aliado más grande del Una Vez y Futuro Rey. Mientras que en la mayoría de las versiones de la leyenda, Merlín es un viejo y sabio mago, el más poderoso de todos, y funge como maestro, guía e incluso padre para el joven Arturo, “Merlin” cambia las reglas y lo convierte en su contemporáneo. Lejos queda la imagen del anciano de largos y blancos cabellos y barbas, y en su lugar es sustituido por un pálido y flacucho joven en sus tempranos veintes, la misma edad que el entonces príncipe Arturo. Perfectamente interpretado por el encantador Colin Morgan, y tomando lecciones de Hugh Grant en sus días de “Cuatro Bodas y un Funeral”, Merlín es torpe, dulce, noble y desinteresado, es decir, es lo que los extranjeros se imaginan cuando piensan en el encanto inglés. Es también, apegándose a la leyenda, el mago más poderoso de Britania y el mayor aliado que Arturo tendrá en su rol como el más grande de los reyes. El Merlín de la serie es una perfecta mezcla de delicadeza humana y sorprendente poder mágico, lo que lógicamente lo hace idóneo para poseer dicho poder. Su historia con Arturo empieza como lo hacen las mejores comedias románticas: una relación de amor y odio que va progresando con cada episodio y que culmina con un fuerte y estrecho lazo entre los dos, más poderoso que cualquier otro en sus vidas.

El Merlín de la serie es un común y, después de salvar la vida del príncipe en el primer capítulo, es convertido en el criado personal de Arturo. El joven príncipe es inmaduro, engreído, ligeramente prepotente, orgulloso y, por supuesto, con un corazón de oro. Los cambios que sufren ambos personajes con respecto a previas adaptaciones más tradicionales pueden ser producto del momento en que la serie se estrenó, un 2008 en el que los chiquillos que crecieron con Harry Potter estaban saliendo de la adolescencia y entrando a la adultez. Un anciano mítico y misterioso no era un protagonista tan irresistible como un joven de veintidós años que seguramente enamoraría a todas las chicas y a más de un chico. Al igual que Arturo y Merlín, el resto de los personajes principales de la leyenda sufrieron una modernización también: Ginebra, la bella y eventualmente adultera esposa del Rey Arturo, se convertiría en una criada al servicio de otra importante figura en la historia, Morgana, la ya perpetua antagonista del mito, que en esta serie comienza siendo una dulce y compasiva joven que comparte más de un momento de tensión romántica tanto con Arturo como con Merlín, para después convertirse en la trágica bruja y sacerdotisa que eventualmente provocaría la ruina de Arturo. Uther, el padre del príncipe y Rey de Camelot durante las primeras tres temporadas, asume un rol antagónico y su postura en contra de la magia da inicio a uno de los puntos focales de la serie.

La magia está prohibida en el Camelot de “Merlin”, lo que hace que el joven mago deba mantener sus poderosos dones ocultos de todos excepto de Gaius, el médico de la corte y su mentor. Morgana, también una bruja de considerable poder, comienza a resentir la crueldad de Uther hacia aquellos que poseen magia, provocando así su caída y transformación en la mayor fuerza de maldad en la serie. La prohibición de la magia le da un toque interesante a la leyenda Artúrica, que generalmente se regocija en ella. Es el Merlín de la leyenda, después de todo, quien provoca el nacimiento de Arturo por medio de magia e intriga, para después ayudarlo, aconsejándolo por medio de sus dones proféticos; Excalibur, la legendaria espada del Rey Arturo, también posee dones mágicos en varias de las versiones de la leyenda; el propio Arturo y su profetizado regreso mesiánico, en el momento más desesperado de Britania, tiene tintes mágicos. El prohibir la magia, entonces, parece negar uno de los aspectos intrínsecos de la leyenda, dándole un giro único a los aspectos morales, religiosos y sociales de la serie. Aquellos que la poseen, al ser acusados de usarla, alegan que “nacieron con ella”, atrayendo así comparaciones con temas actuales como la homosexualidad o las enfermedades mentales. Los parias de “Merlin” se ven forzados a mantener oculto algo que es inherente a ellos; el usarlo significaría morir. Los druídas, poseedores natos de magia, son perseguidos por Uther, que vive, literalmente, en temor de aquello que no comprende, cegado por el odio e intolerante a morir. El paralelismo que se da entre la magia y diversos temas actuales le da a la serie un toque de seriedad que, a simple vista es difícil de percibir.

Merlín y Arturo son el alma de la serie y la evolución de su relación es el motor que da potencia a cada capítulo. Su complicada dinámica, que incluye una intricada mezcla de insultos y halagos, muchas veces el primero como resultado directo del segundo, es fascinante observar, no solo por el tono homoerótico que adquiere especialmente en las últimas temporadas, sino por el significado que la relación tiene para la leyenda: Arturo es el Una Vez y Futuro Rey, el más grande de los monarcas de Bretaña, destinado a llevar a Camelot a la más alta de las cimas, para después caer junto con ella; Merlín, por su parte es el responsable de acompañar a Arturo, ayudarlo y guiarlo en su camino a la grandeza. Es especialmente notorio en la serie que ambos están unidos en más formas de una: Arturo depende por completo de Merlín, en un inicio de la misma forma que un amo depende de un criado, es decir, para vestirse, comer, asearse y mantener un orden general en su vida; conforme los años pasan, comienza a necesitarlo como fuente de aliento e inspiración, llevándolo consigo a todas sus misiones y confiando en que, por encima de todo, el joven sirviente estará ahí para él. Merlín, por su parte, está enteramente devoto a Arturo y más de una vez está dispuesto a dar la vida por él. Nada en su vida, ni siquiera él mismo tiene la importancia que rey tiene; Merlín no tiene muchos inquietudes durante la serie más allá de su responsabilidad hacia Arturo: no tiene novias ni intereses amorosos significativos y su vida personal fuera del castillo es casi inexplorada.

El final de la serie es simplemente devastador. La leyenda Artúrica termina siempre de la misma manera, con Arturo cayendo ante la espada de Mordred y “Merlin” no es la excepción. En la ya infame Batalla de Camlann, Arturo es herido de muerte por Mordred, y aunque Merlín hace todo en su poder para llevarlo a Avalon, el único lugar con el poder para curarlo, el rey sucumbe a sus heridas y muere en brazos de su fiel acompañante. Al ser el Una Vez y Futuro Rey, Arturo habrá de regresar en el momento de mayor necesidad de Britania, y la escena final de la serie presenta a un Merlín inmortal viviendo en la actualidad, aún esperando el regreso de su querido rey. La tragedia de la leyenda nos pega mucho más al entender que el mago ha esperado milenios y esperará muchos más, porque ese es su deber, su principal propósito y su única opción. La agridulce sensación con la que se despide la serie nos deja con un sentido de vacío, al saber que Merlín ha vivido seguramente una vida solitaria, alejado de todos y ocultando su verdadera naturaleza por siempre, pero también nos da esperanza de que en algún momento, el Rey Arturo volverá y, con su fiel compañero a su lado, ascenderá una vez más.

La serie consigue lo que muy pocas y logra este perfecto balance de alegría y dolor, mismo que siempre la caracterizó. “Merlin” siempre sobresalió al combinar comedia simple con temas relevantes, y eso se debe en gran parte al talento y química que su elenco poseía. Si bien los guiones nunca se caracterizaron por su profundidad en diálogo, los actores, especialmente Morgan, eran capaces de elevar el material hasta alturas indiscutibles. Las entrañables actuaciones de los actores fueron la razón principal por la cual la serie se consolidó como una de las más populares en el Reino Unido durante su transmisión original, y aun ahora, casi siete años después de su capítulo final. “Merlin” ha encontrado una nueva vida en Netflix (las cinco temporadas están disponibles en el servicio de streaming) y todavía hoy se pueden encontrar videos en YouTube acerca de la serie, un verdadero testimonio de su calidad e impacto.

“Merlin” funcionó gracias al donaire que siempre mostró, a la modestia con la que se desenvolvió (en parte gracias a su bajo presupuesto) y, sobre todo, al respeto y admiración con la que trató a su material original, sin dejar jamás que su seriedad se sobrepusiera al propósito de fascinar y entretener. Aun en sus momentos más ridículos, aquellos en los que los duendes poseían cuerpos y trolls se hacían pasar por princesas, “Merlin” no perdió el encanto y jamás dejó de lado su verdadero propósito, poniendo la relación de Merlín y Arturo por encima de todo. Cada capítulo, por más irrelevante que pareciera, tenía al menos un momento en que estos dos personajes continuaban construyendo el camino que juntos tenían que recorrer, y el verlos haciéndolo era un verdadero regalo. La serie sufrió de un final apresurado, pero ni eso podría arruinar los 65 capítulos que le antecedieron y que son, en pocas palabras, prácticamente perfectos. Larga vida el Rey Arturo y larga vida a “Merlin”, el Una Vez y Futuro Mago.