Las Centellas: mujeres, heroínas, Anargáutas

En Icea, un Anargáuta puede ser muchas cosas cosas: puede alistarse a las Fuerzas Anargáuticas y servir a su reino en cooperación con las Fuerzas Especiales; puede ir a la universidad y estudiar para Energizador, los curadores de los reinos, o bien, convertirse en Vigorizante y entrenar a los futuros atletas de Icea; puede preferir una vida de servicio formal y alistarse al Alto Consejo de Energía, donde podrá servir como Delegado o como Huracán; por último, en caso de que ninguna de las opciones anteriores lo convenza, puede viajar a los altos Montes de Sadon y recluirse en los Monasterios de Lambardo, donde se preparará para convertirse en Potente y enseñará a futuros Anargáutas a controlar sus emociones y habilidades. Todas estas opciones están disponibles para todo Anargáuta que quiera aprovechar sus habilidades al máximo; las mujeres Anargáutas, sin embargo, tienen una opción más, ya que pueden decidir vivir una vida errante, de adrenalina y alto peligro como Centellas al servicio del Alto Consejo de Energía.

Las Centellas conforman el área de Control Eléctrico dentro del Alto Consejo de Energía, y son las encargadas de conseguir la potencia necesaria para el funcionamiento de los exclusivos Generadores que dan energía a cada vez más aspectos de la vida en los reinos. La labor de las Centellas es considerada, junto con la de un Agente de las Fuerzas Anargáuticas, la más peligrosa que un Anargáuta puede desempeñar, y las mujeres que la realizan deben cumplir toda clase de requisitos que las ayudarán a resistir las arduas condiciones de vida que llevarán. Es una vida dura, llena de inestabilidad e incertidumbre, pero también de grandes satisfacciones e incomparables sensaciones. Pocas experiencias, se dice, se comparan con aquellas que vive diariamente una Centella.

Las Centellas son cuarenta mujeres, generalmente diez de cada reino, que, a bordo de sus dorados móviles de alta velocidad conocidos como las Chispas, viajan por toda Icea a lo largo del año, persiguiendo a la lluvia. Su labor es muy sencilla: las fuertes tormentas liberan grandes cantidades de energía con cada rayo que ilumina los cielos, y es responsabilidad de estas mujeres capturarla en los Generadores que ellas mismas diseñan y que se han convertido en las fuentes de energía más importantes en toda Icea. Una vez que alcanzan las nubladas nubes que anuncian la próxima tormenta, se preparan para el ataque: primero hacen un pequeño campamento debajo del corazón de las nubes, en el que acomodan los Generadores que guardarán la energía, asegurándolos firmemente a la tierra y cerciorándose de que están en óptimas condiciones para resistir las fuertes descargas; después, se untan una espesa crema en todo el cuerpo, que las protegerá de cualquier quemadura que pudiesen sufrir a raíz de algún posible contacto con los rayos; por último, se visten con un incómodo y pesado traje hecho de vidrio y madera, especialmente diseñado para resistir descargas eléctricas.

Para este momento, la lluvia ya ha alcanzado su punto más intenso, y los rayos han comenzado a iluminar los cielos. Es entonces cuando, armadas solo con su coraje y sus habilidades Anargáuticas, se adentran al corazón de la tempestad, conocido como El Ojo, la cuna donde nacen los rayos y en donde su energía es más poderosa. Las Centellas, expertas en identificar los puntos en los que emergerán los rayos, se distribuyen en grupos de cinco y forman un pequeño círculo justo debajo de estos puntos. Una vez que el cielo es iluminado por la energía, las Centellas utilizan sus habilidades Anargáuticas para tomar control del rayo, manipulándolo para evitar que su energía sea liberada en el aire, y conduciéndolo, lenta y controladamente, hasta los Generadores fijados en la tierra debajo de ellas, que de inmediato los almacenan, preservándolos intacta y perfectamente. Las Centellas repiten este mismo proceso alrededor de diez veces, tal vez más si son lo suficientemente resistentes; si la tormenta es particularmente intensa, puedan repetirlo hasta veinte veces antes de que sus cuerpos sucumban ante el desgaste físico.

La labor de una Centella es peligrosa y más de una ha muerto al recibir una descarga directa en el cuerpo; ni el traje ni la crema las protegen si una rayo les cae en el rostro o en el pecho, y desgraciadamente, esto sucede con frecuencia. Las mujeres que desean convertirse en Centellas deben pasar por rigurosos filtros, físicos y mentales para comprobar que son capaces de resistir la labor. Deben ser bajas de estatura, tener el pelo corto y poseer una alta tolerancia al frío y a las condiciones extremas. Las Centellas, por ende, son, en su mayoría, miembros de la clase común, pues muy pocas nobles son capaces de resistir las arduas condiciones de vida. La gran mayoría de ellas también son huérfanas o tienen muy poca familia, y todas deben ser solteras. Al llevar una vida de nómadas, no pueden tener nada que las ate a determinado lugar. Las Centellas no poseen tierras ni tienen un hogar fijo; sus Chispas son todo lo que necesitan y en ellas viajan, duermen y viven. Sus gastos son cubiertos por la corte real de cada reino, y aunque sus vidas son simples, no son precarias de ninguna forma, y cada vez que pisan la capital de algún reino son recibidas como las heroínas que son: grandes festines son celebrados en su honor y son acogidas bajo los techos de los reyes, que emocionados anticipan escuchar las excitantes historias que estas valientes mujeres tienen que contar.

Cualquier mujer que desee convertirse en Centella debe tenerlo decidido antes de los dieciocho años; esa edad es el límite para enlistarse al programa de preparación que el Consejo de Energía abre cada dos años. Las Centellas solamente pueden cumplir con su función por un máximo de diez años, pues el cuerpo humano no resistiría mucho más tiempo al estar expuesto tan constantemente a cantidades de energía tan extremas. Después de su retiro, las Centellas son convertidas en miembros de las cortes reales de sus reinos de origen, pero la mayoría no logra acoplarse a un estilo de vida tan sedentario. Muchas de ellas, aburridas e insatisfechas con sus nuevas vidas en las que se pierden enterradas bajo capas de seda y tul, salen a aventurarse al campo abierto bajo la tormenta, buscando la sensación que solían tener en sus días de Centellas, solo para percatarse de que los años no pasan en vano y ya son no más que presas fáciles para el rayo, que las recibe con brazos abiertos, acogiéndolas como viejas amigas y llevándolas de vuelta al cielo, en donde alguna vez, tantos momentos compartieron.

Fragmento tomado de “La Energía en Icea: Una Historia Completa”, por Reignald Dodd