El Colibrí Adora

Cardanna es un pequeño pueblo costero en las afueras de Havlón. Tranquilo, simple y poco transitado, Cardanna alguna vez fue un puerto muy importante para su reino, pero el tiempo y los cambios en la concentración de la población lo fueron dejando poco a poco en el olvido. En la actualidad, Cardanna recibe algunos viajeros de vez en vez, que lo visitan por dos razones principales: la primera, para ver el Santuario del Sunum, el antiguo dios en forma de Colibrí que, se decía, viajaba de un extremo del mundo al otro, repartiendo las ideas y el deseo entre los humanos; la segunda, y tal vez la más significativa, para visitar la casa del Colibrí Adora.

Cuentan las voces de Cardanna que en los días tempranos de la Post Ruptura, cuando el mundo apenas comenzaba a renacer, el pequeño puerto era el hogar de miles de colibríes, que habitaban en los bosques aledaños al Mar de Manel. Cuando los primeros hombres llegaron a asentarse en el puerto, las pequeñas aves los recibieron con las alas abiertas, permitiéndoles erguir su pueblo en las orillas del mar y conviviendo con ellos por muchos y prósperos años. La paz alcanzada se vería perturbada con la llegada de Adora Zazil.

Los relatos varían con respecto a su llegada: algunos dicen que Adora llegó del mar, otros dicen que del cielo y otros que de la tierra. Lo que es cierto es que Adora Zazil era poseedora de una belleza inigualable y exótica, que encantaba a hombres y mujeres por igual, y que llegó para cambiar el puerto de Cardanna. Actualmente, es aceptado que Adora era una Anargáuta con capacidades excepcionales: era capaz de curar las dolencias más extremas en los enfermos; podía cambiar la dirección de los vientos para favorecer a los marineros y, se dice, incluso era capaz de devolver la energía a aquellos que la habían perdido.

La gente del pueblo la celebró, y pronto, Adora era como una diosa para ellos. Mientras ella estuvo en Cardanna, los colibríes se multiplicaron con rapidez y llegó un momento en que eran tantos, que se dice cubrían el cielo por completo. Como todo lo bueno, aquello no estaba destinado a durar, y todo cambiaría cuando el hijo del líder del pueblo cayera enfermo a causa de una extraña enfermedad. El líder acudió a Adora y le rogó que le devolviera la vida a su hijo, pero ella poco pudo hacer, pues la enfermedad había sido devastadora y mortal.

Cuando Adora anunció que el muchacho no regresaría a la vida, el pueblo, impulsado por su líder, se reveló en contra de la mujer, aprisionándola en la que era su cabaña y condenándola a morir quemada en la hoguera verde. La mujer aceptó y permaneció en encierro hasta que su sentencia se llevara a cabo. Cuando el día llegó, la mujer salió de la cabaña, agradeció al pueblo por su generosidad y se despidió de ellos. Fue ahí cuando, del cielo descendieron miles de colibríes, que la rodearon y la levantaron del suelo, llevándosela de Cardanna para jamás volver.

Desde ese día, ningún colibrí ha regresado a Cardanna y a pesar de que el pueblo ha rezado a Manel, e incluso construyó el santuario al antiguo dios Sunum, todos los esfuerzos han sido en vano. Se dice que las aves jamás regresarán al puerto, como castigo al pueblo ingrato que le dio la espalda a la bella mujer, y que ahora viajan por el mundo, buscando nuevos pueblos y nuevas tierras para habitar.

En cuando a Adora Zazil, se dicen muchas cosas: muchos afirman que la mujer murió y ahora su alma habita en cada colibrí que hay en Icea; otros dicen que fue llevada a otro puerto, donde vivió su vida en silenciosa tranquilidad; y hay otros más que afirman que la mujer se adentró en las más profundas selvas de Holbein, en donde comenzó su propio pueblo, envuelta en colibríes. Lo que es cierto es que, de vez en vez, los viajeros que se pierden en los bosques y selvas de Holbein afirman que un colibrí se posará sobre ellos y, de pronto, sabrán exactamente a dónde tienen que ir. Es la mano guía de Adora que, aun desde la lejanía, continúa ayudando a aquellos que lo necesitan.

Extracto de “Voces y leyendas de la antigua Icea”, por Biby Emelyn